web analytics
Grupo Canton
Al momento
Director Miguel Cantón Zetina
La camioneta no era de él, era de Dios, es decir, propiedad de la diócesis de Tuxtla.

Ya ni a Dios perdonan

Banda de asaltantes tabasqueños roban camioneta a párroco y lo abandonan a medio camino. Luego los atrapan.

(Con información de Carlos Coronel)

REFORMA, CHIAPAS.— Los caminos del Señor son ines­crutables, dicen por ahí, por­que un día la gracia celestial parece abandonarte y al si­guiente te premia con un mi­lagro. Esto lo puede corrobo­rar la historia del sacerdote Albino Morales Mejía, de la diócesis de Tuxtla Gutiérrez.

El día de San Justo, jueves 6 de agosto, unos hombres no tan justos, montados en tres motocicletas, le marca­ron el alto. Él circulaba por el tramo carretero Santa Te­resa – San Manuel, abordo de una camioneta Es­taquitas, con placas de circulación CV- 71684 del Estado de Chiapas.

De nada sir­vieron las oracio­nes que ese día había prodigado para empezar su jornada pastoral. Tampoco ayudó de mucho que la Nis­san color rojo se usara para pasear a la Virgen en los días de patronales. Tuvo que ori­llarse convencido más por el arma que le mostraron los montoneros «angelitos».

 

NO LES IMPORTÓ QUE EL HOMBRE FUERA UN SIERVO

A los tabasqueños, oriundos de Teapa, Miguel Francisco, de 25 años, y su cómplice, José Andrés, de apenas 18 primaveras, no les importó que el hombre fuera un sier­vo de Dios ni que la camio­neta se usara para fines espi­rituales. Junto a otras cinco personas más, bajaron con violencia al santo hombre, muy cerca de la comunidad de Huapaque, perteneciente al municipio de Juárez, y se llevaron la unidad, dejándo­lo abandonado en el medio de la nada.

El padre Albino tuvo que caminar a pie resignado a alcanzar la cabecera munici­pal, horas después tras beber varios vasos de agua y apol­tronarse en una silla roída, rindió muy apesadumbrado su declaración ministerial. La camioneta no era de él, era de Dios, es decir, propiedad de la diócesis de Tuxtla.

Ni la banda criminal de Miguel Francisco y José Andrés, ni el párroco Al­bino, esperaron que Dios obrara tan rápidamente para restituir el orden del universo.

Fue gracias a unos de esos retenes que hacen maldecir a algunos conductores que ocu­rrió el milagro. Miguel Francisco y José Andrés habían olvidado ya su fe­choría y circulaban tranqui­los a bordo de su moto, cuan­do vieron el retén montado en la Ixtacomitán-Solosuchiapa. Quisieron huir, como siempre lo hacen una vez que cumple su maldad, pero los policías les dieron alcance. Entre sus cosas llevaban tres paquete­totes de mariguana y un rifle.

 

SE ACORDARON DE DIOS AL MOMENTO DE SU CAPTURA

Los detenidos fueron lleva­dos a la misma delegación donde había estado el párro­co. Al verlos de pies a cabeza, los agentes descubrieron que éstos encajaban con las des­cripciones que había dado ha­cía horas el padre, quien fue llamado para identificarlos. Miguel Francisco y José Andrés se acordaron de Dios cuando el padre Albino confirmó que eran los mismos sujetos que lo habían asaltado.

Los milagros no acabaron ahí. Se descubrió que los de­tenidos pertenecen a una pe­ligrosa banda de asaltantes que han cometido otros cua­tro atracos.

Con armas de alto poder como AR-15 y pistolas 9 mi­límetros asaltaron una ga­solinera de Huimanguillo, Tabasco, a un costado del mo­numento a la Piña; el asalto a un negocio de venta de telé­fonos celulares, también en Huimanguillo, Tabasco, y el robo a la gasolinera G500 ubi­cada sobre la carretera Hui­manguillo-Malpaso, cerca del Oxxo. Ni rezando escaparán de prisión por unos años.

 

¿TIENE ALGÚN CASO QUE CONTAR?

Estimado lector si conoce algún caso de la vida real que consideres debe ser publicado en esta sección envíanos tus datos y Grupo Cantón se pondrá en contacto contigo. Escríbenos a [email protected]