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Disonancias

Y se mordió la lengua

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El dicho popular dice exactamente “No te muerdas la lengua, que te vas a envenenar” y tiene relación con la falsedad del hablante, comparándolo con una serpiente venenosa.

La curiosa asociación surgió a raíz de ver un fragmento del discurso de Ricardo Monreal en un evento en Hidalgo, previo al fuerte abucheo de los asistentes. Sudando copiosamente y gesticulando intentaba callar a la audiencia con sus razonamientos; como es usual en él, hablaba de su historia, su lucha y de sus logros que afirmaba, no conocemos, aunque eso no es totalmente cierto y de nuevo acusó a la audiencia que aún silbaba, de llevar consigna para agredirlo. En su afán por reconocimiento y ganarse un lugar entre los aspirantes a la silla presidencial, no ha dudado en chantajear una y otra vez al partido y hasta al mismo presidente quien, en una mañanera afirmó: “que le vaya bien”. Sin embargo, la interminable cadena de favores que ha sabido construir de uno y otro lado de los frentes políticos y que es absolutamente pública, no ha hecho más que evidenciar la ambición por quedar como presidenciable en un claro acto de traición a un movimiento y un partido del que se dice “fundador” y en plena soberbia, deja del lado los miles de militantes que ayudaron a construir y formar el movimiento, los VERDADEROS fundadores, las bases que, por lo visto, no representan nada para él y aunque en sus tuits desea democracia y reconciliación, no abona ni a lo uno ni a lo otro.

Al igual que otros “suspirantes”, intenta darse “baños de pueblo”, comer tacos en la esquina, subir fotografías “casuales” y hasta planear una gira de “reconciliación” que nadie pidió ni quiere. El reyezuelo armado de poder y dinero exige un reconocimiento y un puesto que no se ha ganado y que con sus actos hace que más gente se aleje de él. Con casi la totalidad de su familia en puestos de importancia, desde gubernaturas hasta consulados, la red de nepotismo en la que se afianza es “interesante” pero no lo suficientemente fuerte para sostener una candidatura que, en el fondo lo sabe, no alcanza para convencer al pueblo que ni remotamente se identificaría con la imagen de traidor que tiene.

Sin propuesta, sin carisma y sin verdad, el político pretende convencer a gritos porque con hechos difícilmente lograría el menor escaño.

Cava su propia tumba una y otra vez y así, con la boca sangrante en ese último acto, no pude más que recordar lo que dije al iniciar esta reflexión: … te vas a envenenar.

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