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Analista

Y perdieron como siempre

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Once jugadores muy bien pagados, con prácticamente todas las facilidades que alguien que juega futbol puede pedir: avión exclusivo para su transporte, nutriólogo, psicólogo y fisioterapeutas. Ganan millones de dólares, son imagen de marcas de toda índole y son un equipo inútil. En contraparte, los aficionados mexicanos son lo mejor que puede existir. Venden el coche, empeñan lo que pueden y viajan a donde sea para apoyar a su selección, que usualmente es un fracaso.

Siempre dependiendo de resultados de terceros, de la suerte, del “milagro”. La frase “vamos carajo” se ha convertido en un grito de guerra mezclado con una añoranza siempre frustrada. Solo en el futbol nacional y en el gobierno se ve ese fenómeno: puedes ser un inútil y no dar resultados y aun así te haces millonario.

La selección mexicana de futbol nunca está a la altura de su afición. Como escuché en un post de Sofía Niño de Rivera, los mexicanos como aficionados en los estadios merecen a un equipo como la selección alemana. Se darán “explicaciones”, igual que cada 4 años. Pero lo lamentable es ver cómo países de primer mundo como Estados Unidos nos han superado, al igual que otros no tan poderosos como Marruecos y Senegal.

Si la explicación no es el dinero, porque en México los técnicos, federativos y jugadores ganan una fortuna en un país de pobres, entonces ¿cuál es? ¿Por qué siempre hay que traer técnicos extranjeros? ¿Es la Federación Mexicana de Futbol la responsable en parte?, ¿es la actitud de los jugadores? Las críticas siempre son sencillas y hasta arrogantes desde el exterior. Pero en el tema futbol en específico, simplemente no puede aceptarse tal mediocridad.

El mayor protagonismo de la selección mexicana en Qatar 2022 será un post del Canelo Álvarez, molesto porque desde su perspectiva Leo Messi pisó la camiseta de la selección. El gran protagonista del mundial del lado mexicano, será un boxeador no un futbolista, así de dramática es la cosa. Yo solo veo a millones de personas que cada 4 años dicen: “vamos carajo” y al final son sus ilusiones las que se van a ese desafortunado destino

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