RAIZALES

Contestación pagada II


Heberto Taracena Ruiz

Lecturas: 319

Entre tanta emoción, de inmediato, toma Edita de cualquier lugar un lápiz Mirado y, al reverso de la cartita, escribe y escribe sabe Dios qué, dirigido a Germán.

Sobra decir que el chamaco tuvo la tentación de leer desde la primera carta y, por supuesto, la respuesta; pero en casa le enseñaron con la ejemplar chancla que no… Lo de menos, si ya acariciaba sumar a sus finanzas otro tostón de vuelta.

La contestación está lista en un dos por tres y el cartero ni se diga.

Cuando Edita hace entrega al chamaco, éste la recibe a mano izquierda, y tiende la derecha en espera de la paga.

En ese momento aparece como un duende montuno el conflicto de intereses. Leamos.

Edita: Así como vienes vas de volada y, sin que nadie te vea, la entregas en sus manos.

El chamaco: Pero no es tan así. El, que no es hacendado, me pagó un tostón.

Edita: A ti no te importa. Cuando vengas por otra palanganada de queso, nos ponemos al corriente.

El chamaco: Será otra cuenta: Hoy me pagas o no hay carta.

Edita: Ah, qué aburrición. Ojalá que así te pase alguna vez pronto en tu vida.

El chamaco: Pues ahí está tu carta. A ver si otro no te cobra más.

Edita: Tranquilo. Espérate.En seguida corre al cuarto con la carta cerca de su pecho.

Ay, amor. De vuelta enseña al chamaco parte de la carta que le entregara minutos antes. Sólo la parte final, conste, y en ella decía, por casualidad, con letras grandes:

CONTESTACIÓN PAGADA.

Edita: Sabes leer quizás …

El chamaco: Empiezo a leer, y no me había dado cuenta de la parte final que me estás poniendo enfrente. Ni modo.

Llevo la carta.

Y, Germán, desde la barda, retozaba de gusto. En la imaginación del chamaco cupo la respuesta: SI, TUYA

TODITITITA.



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