LÍNEA ECONÓMICA

PRI-Tabasco y dirigencia nacional


Javier Lagunas

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Hace algunas semanas señalamos que el PRI-Tabasco tenía en Dagoberto Lara Sedas, un buen candidato a ocupar la presidencia de su Comité Ejecutivo Estatal. Joven, empresario y sin señalamiento alguno de corrupción, re­presentaba para el tricolor la oportunidad de recuperar espacios perdidos por la deplorable actuación y peor fama de los gobernantes sur­gidos de su partido y también ante el desencan­to por la desastrosa gestión de Arturo Núñez y algunos de sus más cercanos colaboradores in­cluido un aún más cercano familiar.

Para lograr ese objetivo de regresar a algu­nos espacios del poder público en la entidad, Lara Sedas deberá actuar de la mejor y más franca manera posible, sin permitir imposiciones de su Comité nacional al por más afín, amigo o correligionario que sea de Alejandro Moreno Cárdenas pues se corre el riesgo de perder de manera más estrepitosa en 2021 que en 2018 cuando el PRI impuso desde la cúpula de la CDMX no sólo a la candidata a goberna­dor sino diputados locales y federales.

Tampoco será atacando a diestra y siniestra al gobierno estatal para ganar adeptos, el nuevo presidente del PRI es una persona inteligente y con criterio propio para dirigirlo sin necesi­dad de elevar sus bonos mediante la diatriba a las acciones de una administración que debe reparar el enorme daño dejado por el sexenio de Andrés Granier y Arturo Núñez. Por su­puesto, Dagoberto Lara cuenta con el benefi­cio de la duda, serán sus actos los que revelen la efectividad y resultados de su liderazgo; po­demos decir que el tricolor tabasqueño cuenta ahora, con un dirigente honrado y con una vi­sión moderna de la política, pero esas cualidad no le servirán de nada si más allá de sus crite­rios, del consenso con sus militantes y la base partidista y sobre todo, la presentación de una plataforma social y económica creíble, atiende instrucciones del CEN y no la realidad local al postular candidatos en 2021.

BANCOS

Urge que los bancos implementen mayores controles para evitar que sus cajeros den in­formación sobre los retiros en efectivo rea­lizados por sus cuentahabientes. ¿Quién asegura que parte de lo robado a estos últi­mos no regresa a los bancos en forma de ga­nancias extra?

 



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