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Egla, ¿secretaria de Educación?


Luis Antonio Vidal

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De última hora, en la cúpula donde se toman las decisiones políticas de Tabasco a Egla Cornelio se le empezó a considerar como pro­puesta para asumir la secretaría de Educa­ción en sustitución de Guillermo Narváez.

Esta columna está en condiciones de in­formarle que su nombre se analiza con serie­dad en el gobierno.

Cuando todo apuntaba a la inminente de­signación de Fernando Calzada, la secreta­ria de Movilidad puede dar la sorpresa en los enroques de principio de año.

A diferencia de otros funcionarios cer­canos al gobernador Adán Augusto, doña Egla no pertenece al grupo de Manuel Gu­rría. Es, digamos, adancista pura.

Desde siempre ha tratado de justificar su designación en Movilidad, argumentado que el problema del transporte es un asunto de “aplicación de leyes” de ahí que ella, co­mo abogada, encaje como cuchillo en man­tequilla.

Sin embargo, es evidente que despacha en una dependencia incompatible con su forma­ción, lo suyo es la educación, tanto así que se le consideró para la terna de la rectoría de la UJAT. ¿Qué la hizo desistir de luchar por esa posición?

Puestas así las cosas, la secretaría de Edu­cación no sería premio de consolación, al contrario, caería parada en una oficina im­portante y afín a su hoja curricular.

Fernando Calzada, en cambio, ha sido sometido a intensa metralla por su presunta participación en el escándalo denominado “la estafa maestra”. Esa sombra le persigue. ¿Qué impide nombrarlo secretario? Solo una razón: el mandatario tiene dudas de la conveniencia de su nombramiento como ti­tular. En ese terreno, las condiciones favo­recen a doña Egla.

Anote el dato. La moneda sigue en el aire.

La Morralla

“Lamentable que la secretaria que repre­senta al sector económico sea competencia de los propios empresarios locales”, dijo el presi­dente del Consejo Coordinador Empresarial, Luis Rodríguez, en alusión al contrato de $25 millones que la UJAT le regaló a Mayra Jacobo, secretaria de Desarrollo Económico. Puede ser legal, pero es absolutamente inmo­ral y mezquino. Qué pena aproveche su cargo para hacer negocios * Hasta el lunes.

 



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