ANALISTA

México y sus relaciones exteriores


Óscar Gómez Cruz

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Marcelo Ebrard, desde ahora uno de los "tapados" más que "destapados" pa­ra la lejana sucesión presidencial, debe o debiera tener en su oficina, un mapa de poder que le permita organizar el com­plejo panorama que presentan hoy, las relaciones exteriores de nuestro país, de­bido fundamentalmente a la animadver­sión y agresividad del presidente Donald Trump. El juicio político (impeachment) promovido por los demócratas en su con­tra, se ve destinado a fracasar y con ello, se fortalecerá su postura populista, radi­cal y de polarización que seguramente, lo tendrán otros 4 años en la Casa Blanca.

Ante esta situación Marcelo Ebrard y el profesional equipo con el que cuenta la Secretaría de Relaciones Exteriores (recuerde que esta secretaría es de las po­cas que cuenta con un verdadero servicio profesional de carrera, aunque las posi­ciones de embajadores en lugares de im­portancia, sean llenadas con políticos que tal vez nunca habían salido del país antes de sus designaciones), debe coordinarse con la Secretaría de Economía, para bus­car el "menos peor" de los escenarios pa­ra nuestro país, en temas como aranceles, integración de productos y ahora, has­ta "revisores" extranjeros que vendrán a "auditar" que estemos haciendo la tarea.

Se escucha muy fácil la solución de en­contrar nuevos mercados para los pro­ductos mexicanos en Europa, Asia y Sudamérica. Pero los europeos viven un caos migratorio y de desigualdad económi­ca entre los miembros de la Unión Europea; ahora sí tienen encima, la salida de Reino Unido debido al BREXIT; los asiáticos es­tán en guerra comercial con Estados Uni­dos y gozan de una mano de obra barata y con un mercado gigante que satisfacer. Por último, Sudamérica está sumida en el caos absoluto. Pobreza, crisis económicas, Vene­zuela y Maduro, Bolsonaro, presidentes radicales y que polarizan.

Parece ser que hemos llevado al mun­do a tal extremo, que lo único que le vie­ne a la mente a los ciudadanos, es asumir posturas radicales en un extremo u otro, ignorando que históricamente eso nun­ca ha funcionado. Al menos no a favor del pueblo y sí de los nuevos poderosos.

 



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