ANALISTA

El caso García Luna


Óscar Gómez Cruz

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La bomba estalló y los espacios noti­ciosos comenzaron a llenarse del arres­to en los Estados Unidos, de Genaro García Luna, ex Director de la Policía Federal y ex secretario de seguridad pú­blica en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, respectivamente.

Al breve tiempo, un comunicado de Felipe Calderón en Twitter, habló de aplicar la ley de manera objetiva y jus­ta y mencionó la palabra "traición" a la confianza depositada, en caso de ser culpable.

“Plata o plomo” decía Pablo Esco­bar; pero el Chapo, posiblemente lo superó en astucia y habilidad para co­rromper todo tipo de autoridades.

Al frente de la "guerra contra el narco­tráfico" el expresidente Felipe Calderón puso a una figura ya polémica que se volvió un súper secretario, con todo el poder para hacer y deshacer, en un país que si­muló como siempre lo ha hecho, estar en­frentando al narcotráfico.

Los recientes eventos en Sinaloa y el caso de la Familia LeBaron, suma­dos al arresto de García Luna y lo que se genere del caso, nos confirman lo que muchos ya sabemos: México lleva años siendo un país controlado por el narco, cuyos casi ilimitados recursos, permi­ten comprar armas, impunidad y cons­ciencias.

Si por esa vía se complica, su despia­dado modus operandi logra que cual­quier mercancía pase retenes, cercos de seguridad u operativos "súper secretos". “Plata o plomo” pues.

El narcotráfico nunca terminará mientras la demanda en Estados Uni­dos y a nivel mundial siga creciendo, no importa cuánto se invierta en sistemas de seguridad, no importa cuántos ele­mentos pongas, el que paga manda y el que más paga, es el narco.

A mayor demanda se incrementa la oferta. Y cuando aumentan los gastos de producción u operación (corrupción, mordidas, personal infiltrado) pero la demanda sigue creciendo, solamen­te sube el precio; y mientras alguien en Nueva York esté dispuesto a pagar por su vicio, el narcotráfico en México nun­ca podrá ser combatido por la fuerza del plomo, si se continúan con los niveles de pobreza, pobreza extrema y bajos nive­les de escolaridad, que acompañan una severa crisis de valores, en los que vive gran parte de la población.

 



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