LÍNEA ECONÓMICA

Los programas sociales


Javier Lagunas

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Muchos son los ataques a los programas socia­les del Gobierno Federal provenientes desde los eternos opinadores de café, hasta presuntos o verdaderos expertos en temas político-eco­nómicos en medios de comunicación y socie­dad civil.

Por supuesto, criticar al presidente y sus po­líticas es válido y sano en una población plural; sin embargo, la mayor parte de esas críticas son viscerales, clasistas y discriminatorias. Por ejemplo, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que otorga 3,600 pesos mensuales a quienes ingresen a una empresa o dependen­cia pública como aprendices, se descalifica con una brutal simpleza al asegurar que ese dine­ro se regala a puro flojo, soslayan o si lo desconocen es por analfabetismo funcional, que no es ningún regalo, que los beneficiarios deben asistir al centro de trabajo y en este, a la par de prestar un servicio, aprenderán determinado oficio supervisado por el empresario o propie­tario del establecimiento. Es cierto, se han de­tectado muchos casos donde el joven no asiste y cobra, otros donde ese “empresario” contra­ta tres o cuatro y les quita la mitad del apoyo a cambio de que no asistan, dejándoles la mitad del dinero.

De ahí se desprenden los comentarios bobos y descalificaciones tontas de que el Programa no sirve culpando al propio AMLO, cuando los que no sirven son esos jóvenes irresponsables y esos patrones tramposos. Respecto a las becas de estudio para bachillerato el argumento es si­milar, si bien se dan casos, cuántos no lo sabe­mos, donde el producto de esas becas es usado para adquirir productos o bienes innecesarios (alcohol incluso) para el estudio; una vez di­fundidos, suponiendo sean reales, viene el des­calificativo asegurando que ese dinero es un desperdicio y nuevamente que el programa no sirve cuando, igualmente, los que no sirven son esos estudiantes que desaprovechan la oportu­nidad; lo cierto es que descalificar programas cuya idea es poner “el piso parejo” a ciertos sec­tores es, además de irresponsable, una mues­tra de ruindad. Muchos se quejan de que “sus” impuestos son usados para mantener a flojos, cuando son los mismos que los evadían con fac­turación falsa o condonaciones fiscales.

 



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