TELÉFONO ROJO

Asaltan al fiscal Gertz y a Álvarez


José Ureña

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Es anormal un asalto a dos altos funciona­rios. En un mismo acto, debe agregarse. Pe­ro sucedió. Tres sábados atrás, a mediados de noviembre, salieron de su casa en San Ángel e iban los dos a un restaurante para comer en esa zona de privilegio de la Ciu­dad de México. A plena luz del día, en zona muy concurrida porque los fines de sema­na aquello parece un tianguis cultural lle­no de antigüedades y de los mejores platillos mexicanos. Pero ellos iban a un restaurante del lugar. Salieron de su domicilio en la calle San Jacinto y se encaminaron como lo hace­mos todos los seres humanos en condiciones normales, a pie, con confianza y en plática amena.

Ahora sí demos los nombres.

Las mujeres primero: Diana Álvarez Maury, subsecretaria de Gobernación y candidata a ministra de la Corte para rele­var a Eduardo Medina Mora. Y Alejandro Gertz Manero, Fiscal General de la Repú­blica, ex secretario de Seguridad Pública capitalino con Cuauhtémoc Cárdenas y federal con Vicente Fox.

BOTÍN: RELOJ Y COLLAR

Ahora sí, a los hechos. Acaso por su forma modesta de ser y vivir, a Alejandro Gertz Manero no le gusta andar rodeado de gua­ruras y siempre los ha instruido para man­tenerse a distancia suya cuando recorre vías públicas. E inclusive cuando asiste a eventos oficiales. Ese día, cuando Gertz Manero y Diana Álvarez Maury tomaban la plaza, de repente cuatro tipo los enfrentaron y los amenazaron. Ellos no se resistieron. Con rapidez los delincuentes les quitaron el re­loj a Gertz Manero y un collar a Álvarez Maury. No se sabe de más botín. Huyeron de inmediato sin mayor escándalo. Obvio: tanto el fiscal como la subsecretaria voltea­ron y buscaron a su cuerpo de seguridad, pero tal vez no se dieron cuenta. Esa es la versión conocida. Ahora vienen otros datos: La seguridad pública es responsabilidad ex­clusiva del Gobierno de Claudia Sheinbaum pero por ahí no había uno solo de los agen­tes. Como esta información ha trascendi­do, ahora se hacen apuestas sobre si caerán o no esos cacos ágiles y audaces, y a qué de­pendencia corresponderán los agentes de la aprehensión.

 



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