LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo peripatético


Carlos Bracho

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En la cantina de mi barrio, en donde se reúnen conmigo algunos compas cuyas actividades van desde las que practican los valiosos albañiles, hasta los encumbrados ingenieros y doctores en filosofía. O sea que es un tinglado que cobija a algunos cuates que siguen las lecciones de Só­crates: preguntar, preguntar y preguntar, para saber más al recibir una respuesta. Y a diferen­cia de los antiguos peripatéticos, que al caminar recibían enseñanzas y al charlar, moviéndose, obtenían conocimientos de varias disciplinas del saber, y la diferencia con aquellos caminan­tes, digo, nosotros, hoy en el terrible y desba­rajustado hoy, discutimos y tratamos de saber más, tratamos de investigar sobre las causas del porqué estemos catalogados como un país de tercer mundo, y lo hacemos sentadotes en la co­modidad de las sillas cantineras, y entre sorbo y trago de tequila, hallamos algunos orígenes de la nefasta, hasta ahora, actitud de los políti­cos mexicanos. Sí, la vergüenza nos llena de rojo la cara al ver los espectáculos de circo, gratuitos, que nos ofrecen los diputados y los senadores. Bueno, pues esos pleitos o esa vocinglería nos demuestran, cabalmente, el grado de estudios filosóficos, éticos y democráticos, republicanos, de los dichos polacos mexicas. Y un compa, de la mesa situada más al fondo de este Liceo, levan­tando su copa me invitó a descalificar a los su­sodichos polacos, pues, me dijo: “Se les llena la boca, hablando de Zapata, le rinden culto, le ce­lebran su valiente y decida participación en ha­cer que la tierra fuera de los que la trabajen, y le aplauden su verticalidad política y su real amor a la clase campesina. Y se lamentan del crimen cometido por un traidor militar, y lloran lágri­mas de cocodrilo por su desaparición.” ¡Salud! don Carlos, ¡salud! por Zapata! Y ese brindis sir­vió para que todos los que calmábamos nuestra sed de justicia, viéramos, analizáramos, los fal­so que hay en la fiesta que hoy le hacen al Cau­dillo del Sur. Y es que mientras este gobierno no regrese –por lo menos- los artículos referentes a la tierra y aguas (Art 27) de la Constitución Polí­tica de los Estados Unidos Mexicanos, a los va­lores originales, esos que costaron tantas vidas y sacrificios de los próceres que la promulgaron, y que, evidentemente, no tenía nada, absoluta­mente nada de Neoliberal, todo lo que se diga y haga de discursos y homenajes, será mover la lengua para decir sólo palabras. Sí, como Hamlet decía: Palabras, palabras, palabras, y nada de ac­ción real que les de un valor efectivo.

 



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