ANALISTA

La política de la política


Óscar Gómez Cruz

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Durante más de 80 años vivimos en Méxi­co, aún con la alternancia y la llegada del PAN con Vicente Fox a la presidencia de la República, un sistema político que operaba (y sigue operando) bajo "reglas no escritas" que determinaron la definición de candi­daturas, distribución de los presupuestos, contratos, diezmos, operación del crimen organizado y hasta la configuración de los partidos de oposición al entonces todo po­deroso PRI.

Se creó una política para hacer política en México.

O entiendes las reglas y juegas de acuer­do a ellas o estás fuera, por decir los menos. El país se convirtió entonces, en un mono­polio político-empresarial, controlado y dirigido desde el poder del presidente en turno y del aparato perfectamente aceitado con dinero, negocios y posiciones. Un mono­polio peculiar, porque no ofrece productos ni servicios, sino impunidad.

La política de la política mexicana se con­virtió en una disciplina de comportamiento y sumisión, por encima del talento y la bri­llantez. Se puede acceder a posiciones de po­der si se está dispuesto a simplemente, acatar las " reglas del juego" sin cuestionarlas. Aque­llos que no están en disposición, son libres de buscar suerte y fortuna fuera del cobijo del presupuesto y del arropo de los poderosos, sin la posibilidad de levantar un teléfono pa­ra agilizar un trámite, permiso o incluso un pago legitima y legalmente ganado.

Ese entendimiento de la política de la política ha construido un sistema difícil de cambiar o modernizar.

Se habla de democratización del país, de transparencia, combate a la corrupción, pero en realidad durante décadas y aún en el presente, seguimos haciendo pequeños cambios para que nada cambie, para que to­do siga igual.

México enfrenta hoy retos de pobreza, desigualdad e inseguridad que ponen en riesgo la viabilidad del Estado. Sólo cuando como pueblo dejemos de estar fascinados por la figura del poderoso y nos dedique­mos a construir instituciones limpias y efi­cientes, podremos cambiar esa política de la política mexicana y hacer otras "reglas del juego", que privilegien la honestidad, la de­cencia, el talento y el trabajo.

 



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