ANALISTA

El muro de los poderosos


Óscar Gómez Cruz

Lecturas: 577

El poder cambia a las personas, saca a la luz su verdadera personalidad y valores.

Dicen que el poder no es para cualquiera, solo para aquellos dispuestos a agacharse por él. Otros aseveran que el poder solo pue­de ejercerse, si se tiene la maldad para poder enfrentar todo lo perverso que encuentran aquellos y aquellas que están dispuestos a utilizarlo. Pero sin duda, el poder es un gran seductor; atrae, enamora y a muchos sim­plemente los destruye.

Hay un común denominador en los hom­bres y mujeres de poder: están solos. Pueden pasar sus días rodeados de personas, pero en verdad, la famosa "soledad del hombre o mujer de palacio" es real.

Ellos mismos construyen un muro a su alrededor para aislarse del sinnúmero de problemas y situaciones de gran calado a los que deben enfrentarse, y en el proceso se vuelven los más culpables de los proble­mas que se generan por la inacción o la pa­rálisis que produce el no tomar o postergar decisiones.

El temor a la traición, al error de los inep­tos o simplemente la ilusión que genera el poder de sentirse en muchas ocasiones due­ño de la verdad absoluta, tiene resultados muy negativos, ya sea en el ámbito privado o en el público.

En este último, los impactos son ma­yores porque se afecta la seguridad, la educación, las finanzas públicas y mu­chas actividades que determinan el bien­estar de las personas.

Cuidado con el muro de los poderosos, porque es la fuente del aislamiento de la rea­lidad y el auspiciador de la paranoia de quie­nes están encargados de gobernar; y a la vez, es la fuente de gran parte de la inactividad y la falta de resultados de aparatos enormes del Estado.

El muro de los poderosos siempre existi­rá, la clave está en entrenarse mejor para es­tar dentro y sobrevivir en él.

 



Columnas anteriores

visitas