CASCARA AMARGA

San Agustín de Hipona


Laureano Naranjo Cobian

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Este miércoles 13 de noviembre se cumple 1665 años de un personaje histórico cuya vida y obra aun nos conmueve. San Agus­tín (354 – 430 más conocido como Agustín de Hipona, argelino, nació de padre pagano, Patricio, y de madre cristiana, Mónica.) Este gran hombre, nació antes que Pakal, antes que Pipino el Breve, antes que Carlo Magno, antes que el Cid Campeador, an­tes que Mahoma, antes que Búho-Lanza­dardos, antes que Nicolás Copérnico. En el año 391 fue ordenado presbítero de Hipo­na y más adelante Obispo de la ciudad. Des­de joven estudio filosofía y especialmente la obra del famoso y elocuente orador Cicerón. Siempre en busca de la sabiduría y de la ver­dad, se consagro al estudio llegando a hacer un gran pensador, a los 33 años “lo bautiza en Milán el Obispo Ambrosio, durante la vi­gilia pascual. Ya bautizado, regresa a Áfri­ca en el 388; pero antes de embarcarse, su madre Mónica muere en Ostia, en agos­to del 387.” El no pierde el tiempo, predica, escribe, polemiza. Resuelve problemas y se enfrenta con los que habían perdido el rum­bo, defendiendo siempre la autenticidad y la dignidad de Cristo. San Agustín fuel el pri­mero en meditar y discernir cual había sido la mayor fineza de nuestro Señor Jesucris­to cuando estuvo aquí en la tierra. El sostu­vo que la mayor Fineza de Cristo fue haber muerto por los hombres. Tema que des­pués se volvió polémico, al retomarlo San Juan Crisóstomo y Santo Tomas de Aquino. También es justo decir que mu­chos años después, ya en el segundo mi­lenio después de Cristo, la mayor Fineza es también retomada por un destacado predicador portugués de nombre Anto­nio de Vieyra, quien confiado en sus lu­ces, rebate a San Agustín, a San Juan Crisóstomo y Santo tomas de Aquino. Pero no contaba este gran predicador con el talento, el genio y la cultura de una gran mexicana, Sor Juana Inés de la Cruz, nacida en San Miguel Nepantla, Estado de México, en 1648, la cual con maestría retomó el tema de cuál había sido la ma­yor Fineza del sublime Maestro y nos dejó una reflexión profunda acerca de este te­ma que ha ocupado la mente y el espíritu de grandes pensadores a través de la his­toria. San Agustín murió en el 430 D.C.

 



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