ANALISTA

El problema de tener ‘otros datos’


Óscar Gómez Cruz

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Imagine usted a un doctorando que, en su exa­men de oposición para obtener el grado de doc­tor en Economía, se presenta ante un panel de sinodales o comité revisor, aseverando que en México hay 500 millones de habitantes, de los cuales el 20 por ciento viven en pobreza, un 10 por ciento en pobreza extrema y que el ingreso per cápita del restante 70 por ciento es de 1 mi­llón de dólares al año.

Estoy muy seguro que los miembros del pa­nel se voltearían a ver entre sí y de inmediato le dirían al candidato a doctor que sus datos son completamente erróneos, basados en las publicaciones de instituciones oficiales a nivel nacional, como el INEGI, Banco de México, Se­cretaría de Hacienda, Instituto Mexicano del Seguro Social y Coneval, por mencionar algunas; y a nivel internacional el Banco Intera­mericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación del Desa­rrollo Económico, entre otras.

Le dirían seguramente que debe revisar los datos presentados, porque si el resto de su ex­posición está basada en ellos, no tendría caso seguir con la disertación.

Ahora imagine al sujeto en cuestión contes­tando al panel de sinodales: no, ustedes están mal, me quieren reprobar porque no les agra­do desde que comencé el doctorado, quieren acabar conmigo porque están en contra de mis ideas y voy a continuar con mi presentación porque, yo "tengo otros datos”.

Sin lugar a dudas los sinodales se levanta­rían y se irían sin otorgarle el grado e incluso sugiriendo alguna sanción académica.

Las instituciones son el esqueleto y los mús­culos de una sociedad democrática. Le dan for­ma y vida al actuar público, porque son creadas por la Ley para resolver algún tema, ejercer una potestad exclusiva del Estado o para ge­nerar datos que sirvan para tomar decisiones adecuadas.

No pueden existir "otros datos”. Son los que son y punto. El solo abrir la puerta a que el tra­bajo de instituciones técnicas que generan con todo profesionalismo datos e información, sea descartado o cuestionado, nos pone en una si­tuación peligrosa y de alerta.

Nadie por encima de la Ley, nadie por enci­ma del Estado.

 



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