LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo claro


Carlos Bracho

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Claro que estoy de acuerdo en transformar al país, de recomponer otra vez el tejido social; claro que me gustaría que la corrupción aca­bara en un bote de basura; claro que quisie­ra que la impunidad quedara encerrada para siempre en el closet de la historia; claro, co­mo el agua que corre de los volcanes, que yo y millones de mexicas estaríamos más que contentos si la violencia fuera solo una refe­rencia horrenda del pasado; claro, como el espíritu de los ángeles, que yo sería el hom­bre más feliz de este globo terráqueo, si aca­baran para siempre las masacres habidas a lo largo y ancho de esta república todavía Mexicana; claro, como el alma de un párvu­lo, que las familias, todas, estarían contentas y gozaran de tranquilidad ciudadana, si los robos a sus casas dejaran de ser noticia dia­ria; claro, como las hojas de las blancas margaritas, contento, porque los comerciantes e industriales que dejarán de ser acosados, amenzados, extorsionados por las bandas criminales; claro, como el blanco de nuestra bandera patria, que el pueblo de México es­taría gozando, si pudiera salir al campo a co­mer, a correr, a mirar los árboles y gozar los dones de la naturaleza, si no fueran asalta­dos, robados por los cacos regionales; claro, como el día más claro del año en la estación primaveral, que las mujeres dejaran de sufrir los acosos machistas que se les da en el tra­bajo, en la oficina, en la escuela, en la Univer­sidad y que los femenicidios acabaran y que los culpables estuvieran purgando las sen­tencias mayores que por su delito merecie­ran; claro, como los versos de Pellicer, que yo aplaudiría al gobierno, si viera que la cárcel es para los que traicionan los mandatos consti­tucionales, que la prisión fuera para los que cometen peculado, para los politicos que en­gañan, que no cumplen con sus funciones y programas por los que fueron electos, para las y los polacos/mexicas que usan, a estas “alturas del partido”, el lenguaje doble, el dis­curso que dice “Sí” y en la realidad mañosa es nada menos que un “No”; claro, como el agua bendita de las pilas celestiales, que yo estaría feliz, “como lombriz”, si los jueces y magis­trados estuvieran a la altura republicana de los nuevos tiempos que corren raudos, y los Amparos no fueran mercancía de compra/ venta para proteger a los hampones y a los criminales de cuello blanco.

 



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