ANALISTA

¿Qué hace a un país superior?


Óscar Gómez Cruz

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Sí, sin duda todos esos rubros están presen­tes como consecuencias que determinan en cierto momento, el nivel de desarrollo de un país o sociedad. Pero la parte fundamental está en el comportamiento colectivo, apega­do a valores de respeto, solidaridad, honesti­dad y patriotismo.

Aunque suene un poco a clase de civismo, la realidad es que los países desarrollados tienen ese estatus, gracias a que la genera­ción de riqueza puede ser distribuida y fo­mentada por un sistema fiscal que funciona en realidad, con base en los principios de proporcionalidad, equidad y justicia.

La gente paga impuestos, por un lado, por­que le convienen todos los beneficios que obtiene al contar con seguridad pública, ser­vicios gratuitos de salud y educación, por mencionar aquellos elementales. Pero por otro lado, cumple porque la Ley y las auto­ridades encargadas de implementarla son muy efectivas y de decidir no pagar, las con­secuencias son severas.

Estos gobiernos son en mayor medida trans­parentes, porque la base de valores de aquellos que los encabezan, está en sincronía con los de la sociedad de su conjunto. Se es un país avan­zado cuando ser un gandalla, corrupto, ladrón e irrespetuoso, es la excepción no la norma.

Hace ya varios años estaba yo en Stutt­gart, Alemania con un grupo de perso­nas; nos detuvimos frente a un expendedor electrónico a comprar los boletos del metro y del tren.

Me sorprendió no ver torniquetes o má­quinas donde meter los boletos para acceder a la plataforma de último embarque. No di­je nada, pero cuando se repitió la situación al momento de abordar el tren y nadie llegó a pedirnos los boletos, pregunté a uno de los alemanes que iba con nosotros, «¿por qué no hay torniquetes en los accesos al metro y al tren, y por qué no le mostramos a nadie nues­tros boletos para poder subir?»

Su respuesta me dejó congelado y me dio una gran lección: «¿para qué necesitamos controles de acceso o personas que nos pi­dan el boleto, si todos sabemos que tenemos que pagar?» En aquel entonces me imaginé el metro de la ciudad de México bajo esas re­glas de operación con personas casi casi, en­cima de los vagones.

Respeto, honestidad, solidaridad y patrio­tismo. Eso es lo que hace grandes y superio­res a los países.

 



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