RAIZALES

Niño Carmelo


Heberto Taracena Ruiz

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En la escuela clásica, parte del hogar y hasta el día de hoy presencia vital; allá, por sexto año, el maestro Juan Gómez López, quien vivió el infortunio de morir quemado cuando en 1958 arde el Cine Principal, frente al Parque Juárez de Villahermosa, éste recordado mentor, tal vez con cierta premonición, nos hablaba Sobre la Brevedad de la Vida, del cordobés Lucio Anneo Séneca, pero, ante todo, de su asombro por las afirmaciones de Artistóteles, en el sentido de que los animales heredan sus caracteres hasta por diez generaciones, en tanto que los hombres por tiempo más corto.
 
Pero ¿y este rollo a qué estando el suelo tan parejo? Viene de la rara impresión que inspira el niño Carmelo, de la Piedra Primera, lugar de mi familia materna.
 
Carmelo cumplirá el uno de noviembre tres años. Forma parte de la tercera generación de su familiar Carmelo López Jerónimo y, oh, Aristóteles, hereda físicamente y en su forma de ser, varias características de su ascendiente.
 
-Quien lo dijera –responde su abuelo José, quien conoció a Carmelo viejo- Pero así es, pinto y parado.
 
Carmelo viejo fue un ropero de muchas prendas: rollizo, rostro sanguinolento, muy dado a zapatear en las fiestas carnestolendas, acompañado de uno que otro "chingadazo", gritando entre dientes a medio día: "¡Sol que derrite nieve...!" Cuando empiezo a tratar al niño a quien llamo Carmelo y él me dice Hebeto, quedo sorprendido, y en seguida sigo encarrilado: -Eres igualito a tu bisabuelo. ¿Qué entenderá de lo que digo? -Para mí, no tienes otro nombre. Al paso de días, él obedece, muy quitado de la pena. No es un niño milagroso, pero qué resistente para los mosquitos. De las rodillas para abajo, piquetes por decenas. A pesar de ello, está sano, inmunizado, es feliz y hace felices a propios y extraños…y me invita a desayunar huevitos criollos todos los domingos…


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