LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo gozoso


Carlos Bracho

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Abrí los periódicos matutinos, los leí de arri­ba abajo. Así lo hago siempre: preparo mi café espresso y en mi sillón preferido, senta­do, me dispongo a gozar de las noticias. Pe­ro también sucede lo mismo, lo de diario: no hay nada que me haga saborear mi café y ni pensar que haya una pronta solución a crí­menes, asesinatos, traiciones de varios polí­ticos a los principios que les dieron entrada y razón de ser, robos en casas habitación, asal­tos en los comercios a personas inocentes, despojos a automovilistas, los criminales con pistola en mano dejando vacías algunas joyerías, “cacería” brutal y con saldo de mu­chos policías y soldados muertos por las ba­las del crimen organizado. Y claro, nadie en la cárcel. Los dueños, los capos de las mafias gozando de cabal salud. Y, bueno, ante este panorama tan desolado, ante tanta violación a los derechos humanos, ante tan flagrante exibición nacional de la impunidad que impera en esta nuestra dolida patria, lo que hago, lo que me impongo como penosa peni­tencia, sí, penosa, por esa actitud, pero como ciudadano inerme, no tengo otra manera de pasar el día: “gozando” mi café, encendien­do mi puro habano y escuchando al Charro Abitia, y evidentemente, unos tamalitos de chipilín haciéndome ojitos, y como ya van a dar las doce, que es la hora del amigo, pues me sacrifico y saco de cantinucha un güiski, y así las cosas, digo que ni modo, que yo no puedo cambiar nada de esta violencia des­atada y que yo, como millones y millones de mexicas nos sentimos desamparados y abandonados a la buena de Dios. Sí, amigas insumisas, cuando a la calle salgo, voy con el ¡Jesús! en la boca. De verdad.

Y como el güiski me abrió el apetito, ce­rré esa botella, y de la cocina tomé mi jarra de Pozol (Masa de maíz, agua de río, choco­late). Y como soy de buen diente, la buena botana: en la mesa estaban, chulos de boni­tos, unos Tostones de plátano (Plátano ma­cho verde, en rodajas, agua de sal y fritos) Y ya echaba lumbre mi Peje Lagarto asado (al Fogón, con sal de grano, y cubierto con una salsa de chile amashito, cebollita y limón) Aquí le doy las gracias al poeta cunduaca­nense Dionicio Morales por sus sabias recetas de su natal Tabasco. Así pues, las malas noticias, que por desgracia son asun­tos cotidianos, yo, como lo estoy haciendo, gozo lo bueno que la vida nos da. Sí, panza llena, corazón contento.

 



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