RAIZALES

Ama de casa


Heberto Taracena Ruiz

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En la casa tradicional, esto es la de la costumbre que pasa de familia en familia, con sus acomodos, la mujer tiene una presencia que habla de sus dotes naturales y hábitos aprendidos al pie de la letra y manos callosas.

No por poco, desde antaño, la economía tiene qué ver con la administración del hogar.

Allí los hijos pasan, generalmente, más tiempo con la mamá que con el papá.

Allí la crianza, por lo mismo, como una prolongación claustral, nata, va al interior de la madre y, por qué no, de la chancla o el cinturón.

El papel de la mujer, de esta parte, es único, junto con esos nueve meses que, a partir de la secreta concepción, no podría el hombre cargarlo ni de broma ni a la mitad del tiempo.

Sin palabras... Con el silencio que a veces es más elocuente y expresivo, la más lograda impresión de la vida de una casa nos la da la mujer, sin restar importancia al papel que pueda estar complementando el hombre.

Pero a quien toca iniciativa y mérito, casi total, es a la dama, sin regateos.

El tamaño de la vivienda o la situación económica tendrán lo suyo, cómo no; pero sin la conducción de la ama de casa ningún dinero alcanza. Es más, el orden, la limpieza, los olores, el que cada pieza ocupe su lugar, desde la sala, la cocina y sus trastos, los cuartos y el baño común, tradicional, dije, cada rincón hace prueba plena de la diligencia femenina.

"Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre. Y no desprecies la DIRECCIÓN de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza y collares a tu cuello (Proverbios)". Escuché muchas veces en hogares no lejanos, al tiempo que los hijos, antes más de dos, aprendían de memoria y repetían en coro la lección impartida por la madre, en calidad merecedora de intitularse ama de casa.



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