LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo inquieto


Carlos Bracho

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Estuve en una gira por varias ciudades de la Baja California: Mexicali, Tijuana y Ensena­da. Lugares cálidos -por su gente y por el cli­ma- y cada año en que me presento con ellos, recibo parabienes y buenos deseos. Yo trato de retribuir dichos halagos dando a conocer libros míos y charlando con el público de las cosas que nos afectan o que nos producen sa­tisfacciones. Y las cosas gratas son muchas: el amor que a México le tienen, el trabajo que to­das y todos desarrollan en sus comunidades, en los comercios, en sus industrias y lo hacen con entrega, con ahínco, con la fe arraigada en tener un México mejor. Todas sus muje­res son dignas representantes de los mejores valores republicanos. Todos sus hombres co­laboran con su actividad a sostener un nivel económico sustentable que rinda los benefi­cios que requiere la sociedad entera. El clima y la geografía, en muchos casos, no les es favorable, pero los norteños son, en el mejor senti­do, tozudos, emprendedores y no se arredran ante circunstancias adversas. Sí, el Norte de México está presente. Ahora, señalo algo que los afecta, que a esas personas les provoca una serie de conflictos y confusiones, mismos que me fueron dichos a viva voz: se sienten afecta­dos con los recortes económicos a las distintas áreas; culturales, sociales, médicas. Sufren los embates del crimen organizado y no perciben mejora alguna. En el ámbito cultural resien­ten los ajustes económicos y han tenido que sobrevivir echando mano a la inventiva para no caer en la nada. Sufren en carne propia al no tener informaciones precisas de los acon­teceres y planes políticos del Gobierno -aquí yo comento que la peor política es la que no proporciona una información debida, precisa, cierta, sustentada en hechos comprobables, no con palabras o con discursos o con entre­vistas. La otra queja que tienen es que, con los hechos, con la realidad, ven que los corrup­tos y los políticos que cometen actos “inmo­rales”, muchos de ellos militan en el partido del Presidente, y claro, eso les provoca un ma­lestar digno de ponerle atención. La gasolina que surte a los transportistas y a os automo­vilistas, la gran mayoría son expendedoras de marcas extranjeras y no ven ninguna de PE­MEX. Yo cerraría este comentario norteño diciendo que estos males son los que he cap­tado que existen en todos los estados de nues­tra república que he visitado. Son las mismas quejas, los mismos malestares que, sufren las amas de casa, los obreros y campesinos.

 



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