MANIFIESTO

Hechos que hacen Historia


José Chablé Ruiz

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Con la inquebrantable voluntad de reconciliar Tabasco, el gobernador Adán Augusto López Hernández deja cada día más con un palmo de narices a los amarra navajas de siempre: el director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Octavio Romero Oropeza, anunció en Cárdenas, que al final del año la empresa productiva del Estado acumulará una inversión de 794 millones de pesos en Tabasco.

La suma total no incluye la parte correspondiente de la inversión de 160 mil millones de pesos que el gobierno federal destinará durante tres años a la construcción de la refinería de Dos Bocas, Paraíso. Pero sí recursos para atender las prioridades de la Cuarta Transformación de México en Tabasco: recuperación económica, seguridad, salud y educación. Todo lo anterior quedó suscrito en público este martes. Se expusieron detalles de una relación más que de paisanaje, de compromiso con Tabasco y con México, que desde la Presidencia de la República cada día transforma el tabasqueño que aún no reconocen los ingratos: Andrés Manuel López Obrador.

Lo que se dijo en Cárdenas trasciende no por sabido —los miles de millones de dólares que, por la explotación de su suelo y litorales, Tabasco le ha dado al país sin o recibiendo poco o nada, según el director de Pemex–, sino porque consolida el proyecto de reorientar la economía estatal según las necesidades de los tiempos y de la población. Aquellos que alientan la discordia en trincheras temporales, deben saber que hasta el momento Pemex lleva invertido 421 millones de pesos. Pero en los próximos últimos 54 días del año, destinará 127 millones adicionales para sectores diversos y otros 246 millones de pesos más a la salud, educación y seguridad pública de la entidad.

Que nadie se sorprenda: el total de la inversión anual de Pemex de 794 millones de pesos prueba que la reconciliación no es un concepto vano. Al contrario, significa en los hechos hacer historia entre todos. Algunos tabasqueños con su gen suicida, no lo ven, porque su mezquindad le obnubila la visión, que se aclararía si regresan los tiempos en que a los perros se les amarraba con longaniza.  

 



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