EL TABASQUEÑO

Rector: Nueva era en la UJAT


Héctor Tapia

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Adán en posibilidad de rescatarla del grupo que la controla.

• Saldos de 16 años de ‘autogobierno’: Crisis y corrupción.

 

En 110 días la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) tendrá formalmente un nuevo rector, el número 20 en su historia desde que la encabezara Anto­nio Ocampo Ramírez el 20 de noviembre de 1958.

El relevo universitario es sin duda uno de los procesos de renovación más importantes del estado. La Universidad tiene el tercer presupuesto más grande de Tabasco, sólo por abajo del Gobierno del Estado y el ayunta­miento de Centro, con un ingreso anual promedio de 2 mil 884 millones de pesos.

Quien dirija esta importante institución debe tener como cualidades principales: capacidad, carácter y nobleza, pues tendrá que liderar a una comunidad muy importante, como es la UJAT, que alberga a más 32 mil estudiantes de educación superior, que en un futuro próximo contribuirán al enriquecimiento y grandeza de este estado.

Por todo ello, no debe preocupar la expectación temprana que despierte la renovación de la recto­ría, un procedimiento central para la vida pública del estado, que debe abrirse a una amplia discu­sión, más allá de la comunidad universitaria.

Especialmente cuando la UJAT ha experimen­tado un ‘autogobierno’ de 16 años, que logró por primera vez en su joven historia, imponer rector más allá del Poder Ejecutivo (aparentemente), lo que permitió que un grupo interno dominara y reeligiera por ocho años al ahora saliente José Manuel Piña Gutiérrez.

Esto abre la interrogante de si el gobernador Adán Augusto López Hernández respetará el ‘autogobierno’ universitario que permitió el cre­cimiento del grupo que actualmente se encuentra en el poder y que encabeza la maestra Candita Victoria Gil Jiménez, o si por el contrario ope­rará para que arribe a la universidad un rector que represente una nueva era, ajeno a este equipo que impulsó avances importantes al interior de la Universidad, pero que también se contaminó por la corrupción.

¿Cómo funcionan y quién controla realmen­te los órganos de poder que mueven los hilos al interior de la universidad? ¿Se impondrá el autogobierno como lo hizo con Granier y Núñez? ¿Debe el gobernador sacar las manos de la UJAT o al contrario tiene que rescatarla de corrientes y liderazgos internos?

Veamos.

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Tres disposiciones legales norman el funciona­miento de los órganos de gobierno de la univer­sidad: La Ley Orgánica de 1987; el Estatuto General de 1989 y el Reglamento de la Junta de Gobierno de 2011, en ellos están dispuestas, entre muchas otras cosas, las reglas mediante las cuales deberá ser electo el nuevo Rector.

La estructura que marca la Ley Orgánica, —que no ha sido reformada en 32 años—, coloca en su Artículo 12 al Consejo Universitario como el máximo órgano de control de la universidad. Un Consejo que puede ser fácilmente dominado por el Rector en funciones dadas las características de su integración, mayoritariamente de funciona­rios, académicos y estudiantes.

Son 68 aproximadamente los integrantes de este consejo y están distribuidos de la siguiente manera: 1 Rector; 12 directores de divisiones aca­démicas; 32 secretarios de servicios y directores de área; 1 representante académico; 12 alumnos, uno por división; 12 presidentes de sociedades de alumno, uno por división y 1 representante admi­nistrativo.

Este consejo, presidido por el Rector, es quien además elige a los integrantes de la Junta de Gobierno, una especie de tribunal, que a su vez se encargará de elegir a directores de divisiones y al mismo Rector.

El Artículo 45 de los estatutos de la universidad señala que quince días antes de concluir la gestión actual, es decir antes del 22 de enero del próximo año, la Junta de Gobierno hará la elección del Rector, en base a la terna propuesta por el Conse­jo Universitario.

De acuerdo con los estatutos, el Consejo ten­dría que tener integrada la terna de aspirantes a más tardar el 7 de enero y comunicarlo a la Junta  de Gobierno, la cual en un término improrroga­ble de tres días anunciará su decisión. Esto quiere decir que a más tardar el 10 de enero de 2020 podría haber humo blanco, aunque la toma de protesta formal del próximo Rector sería hasta el 23 de enero.

Es así, que quien controla el consejo controla todos los órganos de poder de la universidad… y con ello la designación del Rector sucesor.

Queda claro que cuando el consejo universita­rio integre la terna para la designación del nuevo Rector, siguiendo lo que marca el Artículo 14, estará dando inicio un proceso más ceremonio­so que efectivo, más político que universitario, demasiado cerrado, y más breve que cualquier otra elección, donde quien dirige los destinos de la institución preside a la vez el propio consejo y tiene altas posibilidades de definir quienes irán a la final.

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Aunque aún no hay candidatos formales al relevo y las brevísimas ‘campañas’ iniciarán hasta dentro de tres meses, cinco aspirantes son visibles ya.

De una forma u otra tres de ellos pertenecen al grupo de Candita: I. Rubicel Cruz Romero, actual secretario de Administración de la UJAT; II. Fernando Rabelo Hartmann, Director de la División Académica de Ciencias Sociales Y Huma­nidades y III. Egla Cornelio Landero, una especie de híbrido, pues pertenece a este grupo y a la vez es Secretaria de Movilidad de Adán.

Por otro lado se encuentra Guillermo Narváez Osorio, Secretario de Educación, quien no se inmuta, ni da señales reales de estar en campaña buscando la rectoría, pese a que es visto como el auténtico As del gobernador.

También se menciona con mucha insistencia el nombre de la doctora Miriam Carolina Martínez López, quien en esta semana ha sido objeto de fuerte golpeteo en columnas políticas, quizá por ser la única que abiertamente mantiene levantada la mano y ser vista como una opción ‘de izquierda’.

Más que a los equipos que pertenecen, espere­mos que lo que importe sea el perfil de los aspi­rantes, pues pese a que todos hicieron en mayor o menor medida carrera al interior de la Universi­dad, sus trayectorias y formaciones son diversas.

Por cierto entre los requisitos para ser Rec­tor el Artículo 52 del Estatuto General de la UJAT establece que los aspirantes “[…] no [deben] desempeñar cargo alguno de elección popular o de carácter eminentemente político” y el Artículo 20 de la Ley Orgánica pide como único requisito académico poseer el grado mínimo de licencia­tura, mientras que a los nuevos maestros de esa institución se les exige como mínimo un posgrado.

En otras partes del mundo los criterios para elegir aspirantes a dirigir universidades públicas son distintos, por ejemplo, en Estados unidos privilegian perfiles gerenciales con capacidad de recaudación de fondos, mientras que en Europa los consejos de decanos ponderan a los académi­cos prestigiosos.

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A diferencia de los dos último procesos de suce­sión rectoral en la UJAT, éste tendrá elementos que pueden pesar e impedir que el autogobierno siga nombrando Rector a como viene ocurriendo en universidades como la UdeG en Jalisco con más de 50 años en manos de grupos de ex rectores, o la propia UNAM, donde la ‘autonomía’ ha permi­tido que una legión de doctores la controlen.

No hay, pues, las mismas condiciones que en los sexenios de Granier y Núñez, pues hoy estamos ante un gobernador en funciones que está arran­cando y por lo tanto se encuentra aún muy fuerte, pero que además sabe y le gusta operar política­mente. Esto quiere decir que no deja nada al azar, todo tiene que tejerse finamente antes de que ocurra.

Además, es el segundo mandatario egresado de la UJAT, (el primero fue Manuel Andrade Díaz), lo que le obliga a mostrar mayor interés en su alma mater, cosa que no sucedió con los dos gobernan­tes anteriores, ambos egresados de la UNAM.

También hay que tener en cuenta que estamos ante un Rector en funciones debilitado por seña­lamientos de corrupción en la Estafa Maestra, que tuvo que resarcir un daño por 128 millones de pesos, pues fue acusado de subcontratar 7 empresas, de las cuales cuatro realizaron el 100 por ciento de los trabajos encargados por Pemex Exploración y Producción (PEP) a la universi­dad. Aunque el propio Rector ha dicho que todo fue ‘solventado’, la mancha negra ahí queda.

Otro punto en contra del ‘autogobierno’ que representa Piña Gutiérrez, es que entregan una universidad en crisis económica, con tres años consecutivos sin recursos para cerrar el año, lo que ha provocado protestas y cierres por parte de trabajadores y académicos.

Estamos entonces ante un escenario totalmen­te distinto, con un gobernador fuerte y un ‘autogo­bierno’ débil.

Un ejemplo de ello son los dos cambios de directores académicos que se han dado este año: Luis Manuel Hernández Govea de DA­CEA y Thelma Leticia Ruiz Becerra de DAEA, ambos procesos que pasaron filtro ya por Plaza de Armas.

Y eso no es todo: también se ha sustituido ya de la Presidencia de la Junta de Gobierno a Evan­gelina Asunción Vidal Hernández y están en puerta los cambios de cinco integrantes más del mismo órgano responsable de elegir al nuevo Rec­tor, todos operados desde Palacio de Gobierno.

Lo que significa que está en marcha el rescate de la UJAT de las manos del grupo que la con­troló a través de corrientes y liderazgos internos durante 16 años, para empujarla hacia una nueva era. Esperemos que el cambio llegue con prácticas que le impriman mayor legitimidad a su proceso de renovación, que se transparente más la vida académica y rescate a la universidad de la inmi­nente quiebra que enfrenta.

 

 

LOS ASPIRANTES A LA RECTORIA DE LA UJAT

 

 

 

 

 


 

 


 

 


 

 



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