Entre Números

Una regresión educativa


Mtra. Soraya Pérez

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Como madre y como economista, estoy con­vencida que apostarle a la educación de ca­lidad es la única herramienta que tiene un Gobierno para disminuir las brechas de des­igualdad y los altos índices de pobreza exis­tentes en el país. Sin embargo, la aprobación de las leyes secundarias de la reforma edu­cativa dejó claro que la prioridad del grupo mayoritario no es velar por el interés supe­rior de nuestras niñas, niños y jóvenes, sino orillar a los mexicanos a una regresión edu­cativa. Analicemos con mayor profundidad algunos de los focos rojos de la ley.

En primer lugar, estas leyes violan el principio de equidad, al establecer plazas automáticas para los egresados de las escue­las normales y la Universidad Pedagógica Nacional. Además, se desvirtúa la admisión, promoción y reconocimiento de los docentes, ya que nuestra Constitución establece que estos procesos de selección de plazas deben ser públicos, transparentes y equita­tivos.

Es gravísimo que estas leyes eliminen la evaluación para las maestras y maestros, ya que con esta determinación están elimi­nando su legítimo derecho a que, con base en sus méritos, puedan mejorar su entorno.

También es inaudito que se vulnere el principio de imparcialidad en la admisión de los docentes al servicio educativo. Estas reformas contemplan que, una vez llevado a cabo el proceso de selección, los resultados se enviarán, no sólo a las autoridades de los estados, sino que también a los sindicatos para su consideración, con lo que induda­blemente estaríamos regresando a la época donde los sindicatos tenían gran injerencia en las plazas educativas de nuestro país.

Finalmente, desaparecieron el INIFED, que hasta ahora es el organismo que regu­la, supervisa y controla la construcción y la reconstrucción de escuelas. Con esto, el Go­bierno pretende apostarle más a la “auto-re­gulación” y la “auto-construcción” que a la seguridad de nuestros planteles educativos, sin duda, un contrasentido más.

Tristemente, estoy convencida que es­tas leyes secundarias sólo están conde­nando a nuestras nuevas generaciones, que son nuestra esperanza, a la ignorancia, a la mediocridad y, sobre todo, a la pobreza. La “cuarta transformación” que nos fue pro­metida aún deja mucho que desear, pero duele más cuando se trata de nuestras ni­ñas y niños.

 



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