Altavoz

Durmiendo con el enemigo


Fabiola Xicoténcatl

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Ana María 'N', de 29 años, recibió en la antesala de los juzgados de Juicio Oral del Tribunal Superior de Justicia de Medellín y Pigua, al menos 14 cuchilladas de manos de su esposo de quien estaba separado, José Ro­berto, por violencia familiar.

Ana María se debate entre la vida y la muerte debido a la gravedad de las heridas que recibió por parte de su ex pareja de quien se había enamorado y con quien se había ca­sado y formado una vida.

A esta mujer que se expuso a todo y se atrevió a alzar la voz y no ser sumisa, todos la acuchillamos. No la cuidamos, no la protegi­mos. La dejamos a merced del enemigo.

Es hora de alzar la voz y al primer grito o golpe, mujeres, a huir y protegerse con la fa­milia y los amigos.

Y que bueno que el TSJ se haya puesto las pilas y refuerce la seguridad en los juzgados de oralidad donde se van a carear los anti­guos amigos, esposos, jefe y trabajadores, ahora enemigos.

AMLO, grito de rebeldía

El grito del presidente Andrés Manuel Ló­pez Obrador fue el grito de todo México. Fue el grito que esperábamos desde el 2006 cuando Felipe Calderón y su pandilla le ro­baron el triunfo.

Su arenga desde el balcón principal del Pa­lacio Nacional fue el grito de millones y mi­llones a quienes en 2012 soportaron que la misma mafia clonada con Peña Nieto a la ca­beza, cometiera otro descarado fraude y ro­bara el futuro de toda una Nación.

Su grito fue el grito de los desplazados, de los desposeídos, de los pobre más pobres de nuestro México.

Ese fue el grito desgarrador de los estu­diantes asesinados del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. El grito de los estudiantes ase­sinados el 10 de junio de 1971 conocido como “Jueves de Corpus” o “El Halconazo”

El grito de los indígenas masacrados en Aguas Blancas. Guerreo, el 28 de julio de 1995. El grito desgarrador de los 45 indíge­nas de la etnia Tzotzil de Acteal, Chiapas, el 22 de diciembre de 1997. El grito de los 72 mi­grantes de San Fernando, Tamaulipas, masa­crados en agosto de 2010.

El grito de López Obrador que estreme­ció a todo México fue el grito de los 22 ase­sinados el 30 de junio de 2014 en Tlataya, Estado de México.

Esas arengas que marcaron la diferencia entre los que se fueron y el nuevo gobierno que encabeza el tabasqueño, que el grito des­garrador de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, que desaparecieron aquel 26 de septiembre de 2014 sin que hasta el día de hoy se sepa nada de ellos.

 



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