LOS DARDOS DE BRACHO

Dardos nerviosos


Carlos Bracho

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No sé si serán mis nervios, o es sólo una lla­marada de petate, o mucho ruido y pocas nueces, o son puros pasos en la azotea. Total ¿por qué o a qué vienen estos dichos?

Contesto ipso facto: las conjeturas an­teriores me vienen por el affaire “Pedro Salmerón”. Resulta que este investigador, historiador (es un profesional serio) quien por decir unas verdades del tamaño de Ju­piter, las personas que no tienen en su haber una muy cimentada carrera en la política o en la ciencia, se sintieron ofendidas y arma­ron un San Quintín. Total, Pedro, juicioso, ponía su renuncia en manos del presidente esperando una respuesta a la altura intelec­tual del remitente, pero las aguas negras se movieron, los antiguos métodos usados por el priísmo vandálico, obraron en consecuen­cia y antes de que el presidente respondiera, se movieron las fichas oscuras y ¡Zas! nom­braron a su sustituto en el organismo del que Pedro era el Director. La lección que se puede leer y aprender de este hecho, para mí vegonzoso, es que no puedes tocar a la clase en el poder. Y ¿por qué vergonzoso? Porque se les rindieron homenajes a los sobrevi­vientes de la guerrilla que atacó en Madera, y la Secretaria de Gobernación le ofreció a Martha Camacho, un abrazo de paz. Mar­tha fue miembro de la Liga 23 de septiem­bre y fue torturada por policias y militares. Por esa razón digo que se avista un regreso a los juegos siniestros del pasado. Por un la­do (del gobierno) abrazos y reconciliación y paz a los que han quedado vivos de la re­presión y de la guerra sucia (ex guerrille­ros que lucharon por lo mismo que hoy el gobierno trata de combatir (Injusticia, re­presión, impunidad), y por el otro lado (El mismo gobierno) le da de palos morales a Pedro Salmerón por ponerles adjetivos rea­les y precisos a esos mismos guerrilleros. Sí, ¿de qué se trata?. O somos ¿o no somos?. Hechos como este, sucesos como estos, ac­ciones como las que comentamos, son pas­to, alimento y maná para los enemigos de la 4T, es un alimento de oro para los foxes y los calderones y los panuchos irredentos. De estos hechos lamentables se “pepenan” los que no tienen sustentos morales pro­pios. ¡No los alimenten! ¡No les den cuerda! El veneno que lanzan estos seres, cunde, co­mo la humedad. Y en muchas ciudades hay malandrines. ¡Palabras no! ¡Hechos!

 



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