LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo conmemorativo


Carlos Bracho

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La euforia y el amor a México, demostrada en la ceremonia del Grito y en el posterior desfile militar, espero que no quede en una algarabía y en sólo una fiesta popular. En este acto celebrado en Palacio Nacional se rompieron las viejas reglas, fastuosas, inoperantes por demás, y tuvo lugar un acto cívico, austero. El pueblo reunido en el Zócalo capitalino estuvo alegre, con el espíritu y el ánimo en alto, y se dejaba ver que en realidad sí quieren un cambio, si desean entrar por la puerta grande al lugar que ofrece a todas y a todos los ciudadanos, sin distinción de credo o posición política, garantías individuales consagradas en la Constitución del 17; mujeres que gritaban “Viva México” no quieren decepcionarse con una realidad política y económica que les sea contraria a sus legítimos intreses; jóvenes con la cara de satisfacción en su rostro, no quieren en su haber un retroceso que los lleve al desempleo, a la pobreza, a la represión; hombres con el rostro curtido por un destino que siempre les ha sido adverso, ante los anuncios del gobierno de combatir la pobreza, de luchar duramente contra el crimen organizado, de que la mejoría en todos los órdenes de la vida, será, no un cuento chino, sino la palpable y objetiva realidad, ahora sonreían ante esa promesa. Por eso digo que ojalá y no se vayan a deslavar, borrar esos rostros anhelantes de una vida mejor. Las triste historia Mexicana, nos dice que cada 6 años sucede la mismo: el presidente en turno lanza discursos de paz, de prosperidad, de mejoría en todos los ámbitos hogareños, de acabar con la corrupción y establecer un verdadero estado de derecho. Y al finalizar esos 6 años, se vive, al no tener los adelantos prometidos, en todos los niveles de la población, con una amargura, con una rabia, con un coraje y los rostros de felicidad que hay al inicio de los seis años, a su término fatal, se convierten en caras de tragedia griega. Esa es, amiga insumisa, la historia hasta el día de hoy. Por eso arriba expuse mis posibles dudas sobre el cambio, o por el golpe de timón que nos lleve a esta ex raza de bronce, a tener, por fin, eso que el presidente dice que hará y que él no tiene duda en esa vocación de servicio, que cumplirá a carta cabal con su tarea de elevar a rangos democráticos y altos a los mexicanos que confiaron en él. Esos, que también digo que estaban emocionados en la plaza histórica del Zócalo de la CDMX, esperan el cambio. ¡La cuesta empezó a ser remontada! No habrá tiempo para una desilución. Carlos Bracho

 www.carlosbracho.com


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