ANALISTA

Monarca: retrato de la Mafia del Poder


Óscar Gómez Cruz

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La colusión entre algunos empresarios con las fortunas más grandes del país, políticos en las posiciones de mayor peso, medios de co­municación que pueden incidir y dar forma a la opinión pública y por supuesto el crimen organizado, representan lo que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha concep­tualizado magistralmente como "La Mafia del Poder”.

Porque independientemente de si usted simpatiza o no con el Presidente de México, o comparte o no su estilo peculiar de comunicar; es impresionante cómo inventa conceptos que se vuelven ejes poderosísimos, no sólo de su es­trategia de comunicación.

En particular "La Mafia de Poder" o los "Fi­fís", representan una segmentación o catego­rización para lo que, en su narrativa, separa a quienes él posiciona en el polo opuesto a su idea de lo social, de lo justo y lo correcto.

En la nueva serie de Netflix, Monarca, se presenta una radiografía bastante explícita de cómo funcionan y se interrelacionan las élites de este país. El eje central es el mundo empre­sarial y una familia, como aquellas que todos conocemos al menos de apellido y que son las dueñas del capital y las empresas más impor­tantes del país.

No puedo ni tengo elementos para señalar o acusar a empresa o empresario alguno, de par­ticipar en hechos cuestionables desde el punto de vista ético y mucho menos de involucrarse en ilícitos, pero hoy en día es sabido por todos los mexicanos, a manera de uno de esos famo­sos "secretos a voces", la forma en la que "el sis­tema opera”.

"Bienvenida a México, bienvenida a la reali­dad”. Son las palabras poderosas que uno de los personajes de la serie, le dice a la protagonis­ta, cuando después de años de vivir en Estados Unidos, regresa para participar en los asuntos de la empresa familiar y quiere hacer las cosas "bien", " por la derecha".

No es mi intención spoilear la mencionada serie, ni brindar detalles, pero resulta intere­sante y preocupante, ver el grado de descom­posición al que hemos llegado, por permitir que la corrupción se convirtiera en el eje central del funcionamiento, en el cual todos los involucra­dos comenzamos a ver como "normal" o como la "realidad", el hecho de tener que supeditar­nos a un esquema en el cual lo ilegal está per­mitido, si puedes pagar el precio que impone el sistema. La pregunta es: ¿alguien en algún mo­mento romperá la rueda?.

 



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