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Las modas de Palacio


Luis Antonio Vidal

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Hoy 15 de septiembre, el Palacio de Gobier­no lucirá sus mejores galas para recibir a la clase política reciclada bajo la bandera de la reconciliación y la transformación.

Se nos dice ahora que se acabarán los lu­jos de la tradicional fiesta patria donde se ha estilado que el gobernante se de la buena vi­da con sus amigos y aliados políticos.

Que ya no habrá cena ni nada por el esti­lo en aras de la austeridad republicana y de los buenos modos populistas impulsados por la cuarta. Aplausos. Todo muy bien y el pueblo feliz de ver que quienes mandan se ajusten el cinturón para ser ciudadanos co­munes y corrientes en la fecha más impor­tante de la patria. Más aplausos.

Pero como en esta vida poco es lo nuevo y en política pocas se pueden inventar, la cla­se política emergente, cuya sangre circula a velocidad impresionante para ir a la par del dedo dictatorial del caudillo, olvida entre ratos su origen burgués, su formación polí­tica fifinesca, su perfil de gente de alcurnia política.

Todos o la mayoría de los funcionarios de primer nivel han disfrutado las mieles de la opulencia en Palacio en el festejo pa­trio. Han sido invitados y visto al populacho desde el balcón. Finos vinos y bocadillos de cortesía engalanaron siempre la recepción protocolaria en el salón principal del viejo edificio teniendo al gobernador como anfi­trión.

Ese estilo, dicen ahora, ha quedado en el baúl de los recuerdos en cuyas páginas, sin embargo, los hoy humildes poderosos figu­ran como protagonistas, porque en esa cu­na tricolor se mecieron durante años y años hasta refugiarse en la engañosa mutación del minino color marrón célebre en la no­vela de Lampedusa. ¿Qué cambia ahora? La austera simulación. ¡Viva México hijos de la Revolución!

 



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