EL TABASQUEÑO

Riesgos de gobernar en quiebra


Héctor Tapia

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• Granier y Núñez, aplastados por un elefante postrado

• Claves para rescatar a Tabasco: Ingresos, burocracia y corrupción

 

Si aceptamos lo que señalan los especialistas como ‘quiebra so­berana’, técnicamente Tabasco no encuadraría en lo que llaman ‘bancarrota’, pues nunca ha deja­do de atender las deudas banca­rias que tiene contraídas.

Aunque en los hechos hay señales de que ese enorme elefante llamado Go­bierno del Estado ya no se encuentra reumáti­co, sino que ha perdido las piernas desde hace al menos tres sexenios y por esa razón se encuentra postrado en el mismo lugar.

Una muestra de que estamos ante un gobierno deficitario de recursos es la falta de obra pública estatal importante, a la cual este año se le han destinado solo 1 mil 755 millones de pesos, equivalentes a un pequeño 3 por ciento del pre­supuesto total, recursos que permiten pulverizar micro obras distribuidas por todo el estado.

Otro ejemplo del déficit es la suspensión del arranque de la construcción del distribuidor vial del Guayabal que el entusiasta gobierno de Adán Augusto López Hernández pretendía iniciar este año con ahorros, pero que ha tenido que posponer ante la escasez de dinero, lo que lo obliga a solicitar apoyo de la Federación.

También podemos ver señales de esa ‘quie­bra’ en los hospitales donde se han expuesto quejas por falta de medicamentos y en otros nosocomios que requieren de equipamiento.

Claro está que la ‘crisis’, ‘quiebra’ o ‘banca­rrota’ ha sido heredada al actual gobierno por la administración de Arturo Núñez y éste a la vez la recibió así del Químico Andrés Granier, quien pasará a la historia como el primer gober­nador denunciado y encarcelado (aunque años después fue exonerado) por un saqueo calculado entre 10 mil y 23 mil millones de pesos.

Aunque hay expertos a los que consulté que consideran que la ‘bancarrota’ del gobierno po­dría venir de sexenios más atrás, creando enormes hoyos financieros dentro del presupuesto que du­rante el periodo de hegemonía priísta se tapaban de una administración a otra de manera cómplice.

 

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Entre los factores que han originado esta insu­ficiencia de recursos públicos al gobierno están la pérdida del valor del dinero derivado de la inflación que ocasiona un menor presupuesto en términos reales, a esto hay que sumarle la pesadísima carga de compromisos burocráticos con los que arrastra el gobierno, más los excesos en el gasto corriente de operación y como si no fuera suficiente, todas estas causas terminan coronadas por la corrupción.

¿A qué me refiero con la pérdida del valor del dine­ro? Pongo un ejemplo: si a usted en 2005 comprar un kilo de tortillas le costaba 5 pesos, hoy para adquirir ese mismo kilo tendrá que desembolsar 17 pesos.

Si el ejemplo lo trasladamos al presupuesto estatal encontramos que para poder hacerle frente a la pesa­da estructura burocrática que dejó Núñez, el gobierno de Adán Augusto debió haber dispuesto este año de 53 mil millones de pesos y no de 51 mil millones.

Un ejercicio de deflactación (se le quita la inflación al dinero actual) arroja que los 41 mil millones de pesos que ejerció Arturo Núñez en 2013 equivaldrían a tener hoy 52 mil millones de pesos, mil millones de pesos menos que los 51 mil ejercidos por la actual administración.

Adán está usando menos presupuesto que cualquier año de Núñez, mientras enfrenta crecientes gastos de adquisiciones, aumentos salariales de la enorme plantilla y alzas en el costo de los servicios se operación. Por lo tanto el próximo presupuesto 2020 tendría que ser planteado ante la federación arriba de los 53 mil millones de pesos a fin de que crezca más que las obligaciones que cada año tiene que cumplir y de esta manera poder contar con excedentes que le permitan aplicar estrategias para el desarrollo económico y no sólo esperar a que obras como la refinería empujen al elefante sin patas que tiene a Tabasco con altas tasas de desempleo, ventas, servicios y bienes raíces por los suelos.

 

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En Tabasco se ha cultivado una burocracia de oro, un ejército que durante el largo periodo de gober­nadores priistas creció en número y prestaciones. Se ha llegado incluso a decir que este ejército de trabaja­dores al servicio del Estado fue usado por el priismo electoralmente, sólo así se puede entender cómo los sindicatos obtuvieron aguinaldos de 85 y 90 días para 35 mil trabajadores, lo que representa un gasto aproximado de 1 mil 129 millones de pesos al año.

Pero eso no es todo, cómo no va a estar ‘quebra­do’ el Gobierno si aún con déficits acepta cada año pactar con los seis sindicatos incrementos salariales de 4.5 por ciento que en seis años equivalen a más del 25 por ciento en relación con el primer año, acen­tuando cada vez más esa falta de recursos.

El 8 de agosto del año pasado escribí, a pro­pósito de un conflicto laboral en la Secretaría de Salud, que los tres sindicatos que operan en esa dependencia tenían en aquellos días sin ser­vicios médicos a los tabasqueños más vulnera­bles debido a un paro de ‘brazos caídos’.

Las causas de aquel conflicto tenían su origen en el pago de un bono de 50 millones de pesos para que los empleados se compraran de forma personal sus uniformes y zapatos, el curioso contrato colectivo contempla que Salud adquie­ra la tela para la confección de los uniformes, la cual tiene que ser Tergal Español, después la institución entrega la tela a cada trabajador y les tendrá que depositar 3 mil 500 pesos por cada uno de los 27 mil uniformes. Lo mismo ocurre cada año con los 40 mil pares de zapato que se les compran y también con las 40 mil mochilas que se entregan a los trabajadores de Salud.

Una solicitud de información que revisé mues­tra que el gobierno de Andrés Granier heredó al de Arturo Núñez una plantilla laboral (inclui­dos los de confianza) de 42 mil 832 personas y la administración perredista la elevó hasta llegar a 44 mil 296 personas en el año 2017.

En pocas palabras, la burocracia se ha venido devorando al Gobierno del Estado, que ha sido cul­pable, cómplice y víctima de su crecimiento voraz.

 

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En conclusión considero que el nuestro es un estado quebrado, así también sus 17 ayuntamien­tos que han seguido el mismo modelo con históricas malas administraciones y desórdenes financieros que han provocado sobregiros en el presupuesto, todo bajo un manto oscuro llamado corrupción.

El índice de competitividad del IMCO 2018, co­loca a el estado en la posición 27 de 32 del ranking nacional, con un indicador de corrupción del 2.0 que sitúa a Tabasco en el lugar número 31 de 32, lo que muestra que tenemos un estado sin competi­tividad y hundido en la deshonestidad.

Hoy la entidad está con el gobierno de Adán Augusto López Hernández en una oportuni­dad histórica para revertir esta larga inercia que tiene moribundo al elefante llamado gobierno, es momento de quitar privilegios a los sindicatos, es momento de negociar más recursos frescos que sirvan para el desarrollo y crecimiento del estado.

También es momento de que los órganos ficali­zadores y anti corrupción dejen de ser floreros, ya no puede haber un Órgano Superior de Fiscaliza­ción a modo, tiene que haber verdadera investiga­ción del manejo de los recursos públicos.

Es momento de demostrar que se acabó la im­punidad, que dejemos de tener instituciones que simulan castigos o sanciones. Tanto los granieris­tas como los nuñistas tienen que devolverle al Es­tado todo el dinero que no pudieron comprobar. Para sacar a Tabasco del hoyo se tiene que extir­par la corrupción. De no hacerlo el propio Adán Augusto corre el riesgo de acabar su gobierno tal como lo hicieron Andrés y Arturo, terminar su sexenio histórico aplastado por el elefante.

 

 

UN ADAGIO: “La peor decisión es la indecisión”. / (BENJAMÍN FRANKLIN)

 



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