ANALISTA

El regreso a los valores


Óscar Gómez Cruz

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Hablar de valores parece algo trillado, para algunos jóvenes millennials y centennials, puede incluso sonar como algo anticuado, que escuchaban repetidamente de sus abuelos o padres. Desde que el hombre comenzó a interactuar en grupo, surgió la necesidad de organizarse, de dividirse las tareas fundamentales para la supervivencia del conjunto. Así, siempre ha habido aquellos que son aptos para ser guerreros, otros para dirigir espiritualmente, agricultores y todo tipo de personas dedicadas a producir, comerciar y generar riqueza y empleo.

En el centro de dicha interacción siempre está el poder. Porque alguien, ya sea un individuo o un grupo de personas, debe dirigir al resto del grupo social para que exista orden, paz social y un modelo que permita producir riqueza, empleos y desarrollo. Nada nuevo para escribir en realidad.

El problema surge cuando los valores de respeto, honestidad, responsabilidad y el privilegio del bien común, pasan a un segundo término y se ponen como centro del actuar humano a la riqueza, el poder, el abuso, la corrupción y la impunidad, sin un sistema legal y de organización de gobierno, que obligue en la realidad a las personas, a cumplir las leyes que buscan salvaguardar esos valores positivos de los que hablamos.

Cuando todo tiene un precio y cuando muchos están dispuestos a pagarlo y otros tantos a recibir ese dinero por permitir la ilegalidad, se entra en un viaje sin retorno al caos social. Porque los fenómenos que hoy todos conocemos como corrupción e impunidad, dan la imagen en un principio, de que favorecen a todos, tanto al que da como al que recibe. Al que da se le acelera el trámite o evita penas a un costo menor, y el que recibe obtiene un ingreso que no llegaría de otra manera. Es el espejismo de ganar-ganar.

Pero en el mediano y largo plazo se rompe el orden del sistema, y lo que prevalece es esta práctica como operador institucional, social y personal.

Los valores como el respeto, la honestidad y el privilegiar el bien común, son la llave para que nuestros niños crezcan entendiendo que, en el largo plazo, nadie gana con la corrupción y los antivalores.



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