LÍNEA ECONÓMICA

Décadas de incredulidad


Javier Lagunas

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La incredulidad de la mayoría de los mexicanos en sus presidentes de la República ha estado justifcada. Aunque con distintos estilos, desde Miguel Alemán Valdez hasta Enrique Peña Nieto, todos engañaron de alguna u otra forma, en mayor o menor medida a la ciudadanía; prometieron de todo: progreso, acabar con la corrupción, impunidad y la inseguridad. Se recuerda el "arriba y adelante" de Luis Echeverría, "prepararnos para administrar la abundancia" de José López Portillo, la "renovación moral" de Miguel de la Madrid, la "solidaridad" de Carlos Salinas. Siguió el "bienestar para la familia de Ernesto Zedillo"; con la transición panista el "gobierno del cambio" de Vicente Fox, luego Felipe Calderón como "presidente del empleo", para finalizar, Enrique Peña enarboló "mi compromiso es contigo". Cada uno prometía mejorar todo; ¿características comunes?, TODOS MINTIERON y salvo dos panistas, TODOS PRIÍSTAS. Por ello la incredulidad en los titulares del Ejecutivo Federal. Sin embargo, contrario a sus antecesores, Andres Manuel Ló- pez Obrador goza aún de un alto grado de credibilidad, confanza y simpatía popular; ello responde, así lo nieguen sus opositores, malquerientes o detractores político-empresariales, a que por primera vez en décadas, las promesas de campaña se han convertido en acciones del Presidente. La eliminación de las pensiones vitalicias y toda la parafernalia que rodeaba a los ex mandatarios a costa del erario, la puesta en venta del costosísimo avión presidencial, la reducción a los sueldos y prestaciones a los secretarios de Estado y la alta burocracia, la no menos importante y intolerancia a la corrupción gubernamental entre otras medidas más, fueron ofrecimientos que ya se cumplen; por supuesto, hay fallas y falta mucho por hacer, pero como sociedad, como ciudadanos y no vasallos, debemos entender o comprender que el cambio NO es rápido ni fácil, a pesar incluso de que el propio AMLO haya ofrecido lo sería, no debemos actuar o condenar incumplimientos como si fuésemos infalibles en lo individual y colectivo o nunca hubié- semos ofrecido algo con la sincera y frme intención de cumplirlo, aunque por varios imponderables se nos haya complicado su cumplimiento, tampoco como si todo dependiera del gobierno.



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