ANALISTA

Rosario Roble


Óscar Gómez Cruz

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ERRADICAR LA CORRUPCIÓN DE UNA SOCIEDAD Y DE UN SISTEMA SOCIAL DE INTERACCIÓN ES UNA TAREA PRÁCTICAMENTE IMPOSIBLE.
 
Al momento que escribo estas líneas, Rosario Robles, ex secretaria de Sedesol/Sedatu era transportada al penal de Santa Martha, vinculada a proceso con prisión oficiosa, por la famosa “Estafa maestra”.
 
Un megaesquema financiero para desviar recursos públicos a través de universidades, empresas fantasmas y otras instituciones, que aún es investigado por la Fiscalía General de la República y la Secretaría de la Función Pública.
 
Robles no será la única sujeta a proceso, porque debajo de ella en la estructura de las Secretarías que encabezó, están los operadores materiales del mencionado esquema.
 
Son ya dos los casos de funcionarios de alto nivel de la administración del expresidente Enrique Peña Nieto que se vinculan formalmente a proceso, y sobre los cuales se ejerce acción penal; o como se dice en la calle, a los que les “cayó la voladora”.
 
Emilio Lozoya Austin por el caso Odebrecht, y ahora Rosario Robles Berlanga por la “Estafa maestra”, comenzarán un largo camino para defenderse.
 
Erradicar la corrupción de una sociedad y de un sistema social de interacción entre agentes públicos y privados es una tarea prácticamente imposible.
 
Pero consecuencias en el marco de la Ley y proporcionales a los delitos que se buscan combatir. Si alguna persona, sea quien sea, desfalca las finanzas públicas por 100 pesos, y el pagar a su defensa, multas y otras penas le cuesta 7 pesos y sólo un par de años en prisión con todos los privilegios, seguirá viéndose como un gran negocio, con riesgos y consecuencias que para el que delinque resultan motivantes.
 
La educación y formación de nuestros niños en este momento, es posiblemente la única esperanza que alberga México para contar en 25 años con una sociedad que entienda que la corrupción afecta a todos en el mediano y largo plazo, aunque exista el espejismo de que, en el corto, favorece a las partes involucradas.
 
Sólo con niños que al crecer e integrarse a la vida productiva vivan valores de honestidad, respeto y amor por su país, podremos minimizar, más no erradicar, el fenómeno económico y social de la corrupción, y su socia inseparable que es la impunidad.


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