ANALISTA

Contenidos que influyen


MBA. Ramsés Pech

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NO SE NECESITA QUE LE BAJEN, CENSURARLOS, NO, EL PÚBLICO SABIO LOS CENSURA.
 
Los contenidos de televisión y de radio influyen de manera central en el pensamiento y la conducta humanos. El científico, figura mundial, Manuel Castells, lo afirma en su obra “La Era de la Información”, y no es la única autoridad que lo sostiene. 
 
En 2014 una acción de TELEVISA alcanzó hasta los $117.83 pesos; hoy en día, la misma acción cuesta $34.27 pesos. Los directivos, en menos de un mes, han vendido sus acciones de radio -el emblema de la corona- y sus acciones en OCESA, y no dudamos que muy pronto venderán su grupo editorial.
 
Ellos dicen que, por estrategia, puede ser, pero los radioyentes, los televidentes, hemos ido descubriendo otra versión: los programas, los artistas, los conductores, cada vez están peor.
 
Desde que sustituyeron a López Dóriga -que nunca pudo llegarle a Jacobo Zabludowskypor Denise Maerker -una persona que hace un noticiero de nota roja tendenciosamente matizado con juicios sin sustento-, el consorcio demostró que la idea era poner a alguien, quien fuera, pero que tratara de llenar el espacio.
 
A este estelar, que se nota no tiene director, se suman un enorme porcentaje de programas noticiosos y de variedad cuyos conductores y reporteros aparecen ante las cámaras sucios, mal vestidos, más de alguno diciendo groserías pomposas y barbaridades inconexas.
 
Telenovelas repetidas, algunas ponderando conductas que parece ser, quieren introducir no respeto, sino aprecio por algo que debe corresponder a lo personal e íntimo de cada individuo.
 
Por eso estamos cambiando de canal, buscando Netflix, HBO, FOX, CNN, porque la tele y el radio -oídos o vistos en teléfono, ordenador o tableta- son para oír y ver a personajes agradables, simpáticos, bellos, brillantes; para eso prendemos la tele, para eso oímos el radio, buscamos en internet. 
 
Aspiramos a sus vidas, buscamos identificarnos con ellos, admiramos sus actuaciones, nos involucramos en las historias que representan.
 
La devastación del gusto se refleja en la búsqueda de infinidad de youtubers -muchos prosaicos- que hacen evidente que eso es lo que quedó de fábricas de sueños. Se han vuelto muy populares, pero no por ser los más brillantes, ni los más ocurrentes, ni los más sabios, no, sino porque es lo que hay.
 
Eso sí, se quejan de la secretaria de Economía que aparece con el cierre del pantalón a media asta; se molestan con el asistente que entró a una junta de Estado mascando cacahuates, se lamentan de la falta de piezas dentales del secretario de Hacienda y del Gobernador de Michoacán.
 
Los medios, estratégicos para hacer creer y crecer a un pueblo -como lo hiciera Disney durante la guerra, como lo busca la BBC-, hoy dan ejemplo de muy pocos personajes que puedan representar valor, humor, interés, respeto, aprecio.
 
Nos inducen a dar por bueno, a identificarnos, a estar de acuerdo… Que no se quejen del reflejo de su propia imagen. Si mejoran, subirán sus acciones y mejoraremos todos.


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