LOS DARDOS DE BRACHO

Dardo embalado


Carlos Bracho

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La Ley del revólver parece que no ha desaparecido del globo terráqueo. Yo creí que cuando aquella famosa serie de la TV había terminado su vigencia en los aparatos, en EEUU y en el mundo esa Ley tendría su ocaso, y que sería enterrada en los anales del espectáculo. Y no, mire usted lectora insumisa, las balas han tomado posesión de la Tierra y nos pasan zumbando por nuestras cabezas, pero por desgracia muchas van dirigidas a hombres y mujeres, niñas y niños de cualquiera nacionalidad, y pagan con su vida seres inocentes que ni la debían ni la temían, que su único "delito" era haber nacido. Cruel situación, y más todavía es el dolor para los deudos que han llorado y siguen llorando por aquellos que ahora están ausentes. El dolor por esos sucedidos inunda los hogares del Planeta. Y tal parece que el azote mortuorio no tendrá fin, que las cosas no tienen para cuándo componerse y que el esperado saldo blanco -¡oh! ¡dolor!- se mire allá, colocado en la lejanía del horizonte. No gozamos de una paz integral, no, la paz de los sepulcros es lo más cercano a nuestro destino. Basta echar una mirada a las noticias de hoy, de ayer, y veremos que las trompetas diabólicas resuenan en todos los lugares. Sí, cuántos padres de familia de los EU estarán hincados rezando a sus hermanos y familiares sacrificados. Eso allá, al otro lado de nuestro México, pero aquí, cada día es de un trágico acontecer, el número de baleados es grande y no aminora, no decrece. Mal, por donde se le quiera mirar es un mal que nos aqueja desde muchos, muchos años atrás. Antes, años antes, podíamos salir al campo, a la laguna y al bosque y acampar en los lugares en donde la Naturaleza ofrece aves canoras, flores de múltiples colores, ahora los paisanos, nosotros todos, nos hemos recogido en nuestros hogares. Malo, pues ni siquiera en las calles –ni en el auto- se puede caminar a gusto pues no falta un asaltante que robe, amague, golpee y mate. Lo dicho, la violencia campea, las balas son las aves de mal agüero que vuelan por doquier. Mi compadre dice: -"Sálvese el que pueda, yo me meto en el rincón más duro de mi casa, y que ruede el mundo". Pero eso no es un futuro halagador. Tiene que llegar el día bueno. ¿Llegará? ¿Cuándo?



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