EL COMEJÉN…T

El sastrecillo caliente


Óscar Ariel Escalante Zapata

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En el imaginario mundo de la antigua Villahermosa existió un personaje llamado Elena Nito, mejor conocido como 'el Sastrecillo Caliente', quien obviamente era sastre de oficio, bueno, más bien, un desastre en ese oficio.

El era hijo de don Gebe Nito, un hombre que trabajaba para la CIA, la Agencia Central de Inteligencia, y por eso en su local se anunciaba como 'Gebe Nito y CIA', pero nada tuvo que ver con el negocio 'G. Benito y Cía.'

Don Gebe se casó con doña Elena Morado, quien al dar a luz falleció, y por ese motivo le puso el nombre de la difunta a su hijo, aunque él hubiera preferido una hija.

Al 'Sastrecillo Caliente' lo llamaron así porque siempre entregaba sus pedidos 'en caliente', y sobre todo, recién planchados, sin importar el número de prendas.

Cuentan que era muy malo para hacer pantalones, sobre todo los de moda de aquella época: los acampanados, ya que por una extraña razón los hacía con badajos y con valencianas jugosas; muchas veces 'las presillas' se le quedaban entre los dientes y 'el tiro' casi siempre le salía por la culata; el toque final eran los cierres, donde se trababan 'las presillas' de los clientes.

También era malo para hacer camisas, ya que las que estaban de moda, con cuello de tortuga, casi siempre cubría la cabeza del cliente; en lugar de 'sardinetas' les ponía 'robaletas' y 'las moscas' eran originales.

Pero como nunca falta un roto para un descocido, para lo que sí era un maestro, mejor que el de la sastrería 'El Maestro', era para las chaquetas; decían los jóvenes que hacía unas chaquetas pintas fabulosas, mejores que la de los más afamados modistos de aquella era: Joanna Towers, George Pérezbisnieto, Cecilio-Cecilia y Joe Big Bean, éste último oriundo de Cunduacán.

Ingenioso como siempre, Elena trató de crear las chaquetas mentales con piel de cerebro de cerdo, pero era muy delgada y no tenía mucha tela de donde cortar; dicen que la única que lo superó en eso fue una tal Manuela 'N'.

Además de la entrega rápida de sus pedidos, la gente acudía a su taller porque era muy platicador, incluso, aseguraban que nunca perdía 'el hilo' de la conversación. Esa es la historia de 'el Sastrecillo Caliente'.



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