INVITADO

La ley es dura, pero es la ley


Mouris Salloum George

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"Tenebroso, oscuro, maligno". En la mitología mexicana, esos tres feos atributos se le enjaretan al tecolote. Lo peor es que, cuando el tecolote canta, el indio muere/ dicen que no es cierto/ pero sucede.

¿Está sonando el canto del tecolote contra los profesionales de la corrupción en México? En todo caso, la República amorosa puede seguirlo siendo, pero uno de los tres Poderes de la Unión, el Judicial, tiene que demostrar que la Ley y la Justicia existen en este país.

Desde que, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, se reformó el Código Penal Federal para despenalizar los delitos financieros como no graves, la feria del saqueo de las tesorerías públicas sentó sus reales.

A propósito, cuando se legislaron más recientemente nuevos tipos penales, como el de la delincuencia organizada, la opinión pública ha venido observando que una de las omisiones más acusadas es el combate al lavado de dinero. El blanqueado de dinero requiere de una ingeniería financiera altamente sofisticada, que no está al alcance de la delincuencia común. Es una práctica reservada a mandos superiores del sistema de banca y crédito, de los operadores de Bolsa y administradores de casas de cambio.

La Estafa maestra y más

Todo lo dicho viene a tema en ocasión de que los trapos sucios están saliendo a airearse a pleno sol en los casos Odebrecht, la Caja Libertad y, sobre todo, de la coloquialmente llamada Estafa maestra, en la que la protagonista es la ex maestra de Economía de la UNAM, Rosario Robles Berlanga.

No asumimos juicio de valor al respecto. Sólo decimos que queda en la instancia jurisdiccional atender y resolver en consecuencia.

Se ha abierto, pues, la Caja de Pandora de la corrupción en México. Contrario a la leyenda, no aparecen sorpresas. Todo era ya un secreto a voces.

La pregunta obligada es si el Poder Judicial de la Federación optará, conforme la subcultura de "usos y costumbres", por una operación garantista en favor de los justiciables, o recordará que La ley es dura, pero es la ley. Vale tanto o más que el Derecho de Amparo, convertido ahora en la industria de la impunidad.



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