ANALISTA

Refinería y negocios


Óscar Gómez Cruz

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La Refinería de Dos Bocas va porque va; y no debido a que sea un proyecto con viabilidad de alguna índole, comenzando por la financiera.

Comprar un par de estos complejos industriales en Texas o Louisiana, costaría mucho menos, y se tendría la gasolina para consumo nacional de inmediato.

Pero la decisión está tomada, y aunque Pemex claramente requiere otro rumbo, la refinería se construirá. La cuestión es, ¿cómo puede Tabasco beneficiarse de este hecho?

Por principio exigiendo que todas las compañías nacionales y extranjeras que participen en el proyecto tengan domicilio fiscal en Tabasco; la contratación de un mínimo del 50 por ciento de empleados locales en cada uno de los niveles, no sólo en mano de obra que perciba el salario mínimo; y que se comprometan a implementar programas de capacitación y desarrollo profesional de los mismos, con universidades y centros de formación locales o al menos basados en Tabasco. Por otro lado, la identificación de cadenas de valor y de una política pública de apoyo a los emprendedores tabasqueños, para que puedan desarrollar productos y prestar servicios a las mencionadas cadenas productivas.

La seguridad de las personas y sus bienes es algo indispensable. Sin ésta, las inversiones se irán a otro lado. Para ello se debe trabajar una estrategia articulada e integral, entre la seguridad pública objetiva y subjetiva, la efectiva procuración de justicia, así como una posterior impartición de la misma, acordé al nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, apoyado por tecnología y personal altamente competente.

Y sí, el tan mencionado combate a la corrupción y la impunidad. Si todo puede ser "torcido", desde permisos hasta posteriores castigos por posibles daños ambientales, como el causado por Grupo México en el Mar de Cortés, las cosas seguirán igual o peor.

Detonar una economía como la tabasqueña requiere más que una refinería, que además, no estará terminada en seis años. Requiere prácticamente comenzar desde cero a poner orden en los agentes económicos, articular cadenas de valor en los sectores primarios y secundarios, detonar nuevos clústeres, como el de emprendedurismo y desterrar la condición de que el gobierno tiene que meterle lana a todo.

El gobierno pone las condiciones de los contextos jurídico, económico, de seguridad y de apoyos para generar acercamientos, asociaciones y sinergias. NO es su responsabilidad hacerla de empresario, porque además, históricamente ha demostrado que lo hace muy mal.



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