LÍNEA ECONÓMICA

Policía Federal, ¿negra historia?


Javier Lagunas

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Habría que ser muy ingenuos para negar la pésima imagen que la mayoría de los ciudadanos tiene de la Policía Federal (PF); pero no sólo de la corporación creada en el sexenio de Ernesto Zedillo, sino a lo que durante décadas se conoció como Policía Federal de Caminos (fundada por el presidente Lázaro Cárdenas como milicia auxiliar del Ejército Nacional). Hubo una época en la cual buena parte de los automovilistas que conducían por las carreteras del país, tenían fundado temor de ser seguido por una de sus patrullas, y finalmente detenido por un agente, en el mejor de los casos – se decía – te multarán por nada y en el peor, te extorsionarán quitándote una buena cantidad de dinero. No en pocas ocasiones ha sido público que integrantes de esa Policía comenten secuestro y otros ilícitos relacionados con la delincuencia organizada, algunas veces son detenidos y llevados a la justicia pero son las excepciones. Por supuesto, dentro de la corporación existen elementos íntegros, con vocación de servicio y altamente capacitados para ejercer sus tareas; lamentablemente muchos son también lo opuesto y contaminan la imagen del resto, el ejemplo más reciente y claro es el canallesco comportamiento de quienes recientemente tomaron la base de la PF en Iztapalapa, por su rechazo a incorporarse a la Guardia Nacional (GN) agrediendo físicamente a su comisionada. La negativa es irracional y responde más al azuzamiento de terceros que al conocimiento pleno de las condiciones y requisitos para ingresar; por otro lado, ese cambio es voluntario y sujeto a exámenes tanto físicos como de confianza, quizá ahí la razón de semejante protesta, desde luego, en un porcentaje sustantivo de sus elementos debe influir grandemente el hecho de la intolerancia que habrá a los actos de corrupción y los mecanismos para vigilar su actuación. Nadie se llame a engaño, debe decirse fuerte y claro: penosamente la Policía Federal NO es confiable en lo general, la corrupción en sus filas y los actos derivados de ella son o fueron práctica común. Los policías comprometidos, honrados y con vocación de servicio público NO tienen motivo para rechazar el cambio. Es evidente, sólo quienes temen perder la impunidad de la placa y un modus vivendi basado en la extorsión se oponen.



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