CASCARA AMARGA

Pompeya


Laureano Naranjo Cobian

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FUE EN AGOSTO, EN EL VERANO, QUE EL VOLCÁN VESUBIO DESPERTÓ VIOLENTO Y SEPULTÓ A LA CIUDAD.
 
Mil novecientos cuarenta años se cumplen de que desapareció Pompeya en el año 79 D.C. Ciudad activa, fresca, alegre. Llena de vida.
 
Se cumplen este año que corre veloz. Fue en agosto, en el verano, que el volcán Vesubio despertó violento y sepultó la ciudad, tomando por sorpresa a sus habitantes. Fue tan sorpresiva la erupción, con su fuego piroclástico (Se llama piroclasto o tefra (del griego "ceniza") a cualquier fragmento sólido de material volcánico expulsado a través de la columna eruptiva arrojado al aire durante una erupción volcánica) que la mayoría de sus habitantes apenas pudieron moverse del lugar donde se encontraba. 
 
Pompeya hunde sus orígenes 900 años antes del Glorioso nacimiento del Señor Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de Señores. Se sabe que 17 años antes de la gran erupción ya había sufrido un terremoto que casi la destruyó por completo.
 
¡Qué destino! Pompeya llegó a ser centro principal del comercio en camino hacia la antigua Roma. Ciudad segura, amante de la cultura, llena de gente activa y contenta.
 
Con museos, bibliotecas, teatros, lugares de recreo. Fue un Ingeniero Militar y Mariscal de Campo el que con su gran talento y genial intuición descubrió las ruinas, los yacimientos arqueológicos de esta noble ciudad: Roque Joaquín de Alcubierre. Así se llamaba este gran hombre cuyo nombre permanece en la memoria colectiva. 
 
En México también tenemos volcanes y no son pocos. Se dice que son casi 500 volcanes que están esperando su momento. Entre los más conocidos está el Popocatépetl (montaña que humea), el Iztaccíhuatl, el Xinantécatl (también conocido como Nevado de Toluca), la Malinche, el Paricutín, el Tacaná (a este le tengo miedo), el Ceboruco (ubicado en Nayarit) y el Chichonal, ubicado en Chiapas. Ojala que la justicia y su natural consecuencia, la paz, reinen pronto en nuestro país, no vaya a ser que la naturaleza se rebele un día cualquiera y estallen indignados todos los volcanes de México. Ojalá que no.


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