ANALISTA

¿La utopía de la democracia?


Óscar Gómez Cruz

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Cuando en una elección sólo vota el 30 por ciento de aquellos quienes están facultados para ello, en donde quiera que ésto suceda, es lamentable para la democracia.
 
Sea por flojera, desidia, hartazgo de los partidos políticos o del sistema en su conjunto, la mayoría decidió no participar y con ello permitió que la minoría elija. Por definición ya empezamos mal.
 
¿Se está convirtiendo la democracia en una nueva utopía?
 
Porque quien obtiene el triunfo, digamos con el 53 por ciento de esos votos (del 30 por ciento del padrón) será un o una gobernante que ejercerá el poder con la simpatía de tan sólo el 15.9% del total.
 
De cada 100 electores, casi 16 decidieron el destino del resto de la sociedad con derecho a votar.
 
Si teóricamente la democracia es el sistema en el cual gana la mayoría, nos encontramos ante un fracaso, como el del socialismo y el comunismo en su momento.
 
El socialismo demostró ser un sistema ideológico utópico en su implementación, ya que al basar su lucha por la justicia social en la retórica, no consideró que la igualdad no se puede conseguir exterminado a los dueños del capital quienes con herramientas, talentos y preparación, diferentes al trabajo manual, producen riqueza y con ello empleo.
 
El socialismo y el comunismo demostraron ser sistemas fallidos que redistribuyen la miseria y jalan a todos “hacia abajo”, además de una gigantesca mentira de la lucha de clases; porque lo que crearon fue una nueva clase rica y poderosa, que bajo las premisas de la revolución, de la igualdad y la justicia social, erigieron sistemas opresores y totalmente contrarios a la justicia, castigando a todo aquel que pensara distinto.
 
Ésto es contrario a la naturaleza humana y a lo que se requiere para construir un mundo más próspero: unión de talentos, diversidad de pensamiento, especialización del trabajo, libre competencia que fomente la creatividad y empuje el talento humano a su máxima expresión.
 
La democracia en México ya no es la voluntad de la mayoría, la minoría puede decidir, y a menos que se revise nuestro sistema democrático en su conjunto, no sólo el electoral, estamos frente a una nueva utopía.


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