ASTILLERO

¿No agachar más la cabeza?


Julio Hernández López

● Llamado de Solalinde
● Mal, Segob (Encinas) e INM
● “Migrantes burlarán a GN”
 
“La prudencia es una cosa, pero ya no podemos agachar más la cabeza. Trump está enfermo (...) México tiene dignidad: ya no debemos agachar la cabeza; ya no”, dice con énfasis el sacerdote católico y defensor de migrantes y derechos humanos, Alejandro Solalinde, luego de declararse absolutamente convencido de que la Guardia Nacional no podrá frenar el flujo de migrantes que desde el sur mexicano buscarán alcanzar suelo estadunidense.
 
Los cárteles de la trata de personas, entre los que incluye de manera destacada a los agentes del Instituto Nacional de Migración, simplemente encarecerán el costo del traslado de extranjeros del sur al norte, y habrá más violencia y dolor para los viajeros, pero no se le podrá entregar buenas cuentas a Washington, vaticina el cura que el sábado recién pasado pronunció un discurso en Tijuana ante el presidente López Obrador. A los elementos de la Guardia Nacional, asegura, los migrantes se les colarán “bajo los pies”.
 
Junto con el doctor Javier Urbano, catedrático de la Universidad Iberoamericana especializado en asuntos de migrantes, el sacerdote Solalinde criticó a fondo el funcionamiento de la secretaría de Gobernación, en especial por cuanto al subsecretario Alejandro Encinas, y del Instituto Nacional de Migración, dirigido por un académico que ha sido “un fracaso” como servidor público, Tonatiuh Guillén. En realidad, señalaron Solalinde y Urbano en un programa de Radio Centro, a cargo de un tecleador astillado, la carencia de una política migratoria sustentada, democráticamente apoyada y eficazmente aplicada, ha provocado las condiciones que ha aprovechado la administración Trump para presionar y doblegar a México.
 
Solalinde sostiene que, en el fondo, el argumento de los aranceles y lo migratorio es una treta de Trump para golpear y pretender frenar el proyecto, que el sacerdote considera “revolucionario”, de López Obrador. Y, por ello convoca a un diálogo abierto y sincero en el que participen todas las organizaciones de la sociedad civil, activistas y defensores de migrantes con el Presidente de la República, para impulsar nuevas formas de organización gubernamental sobre el tema, y así preparar el momento cercano (en menos de 45 días) en que Trump podría reactivar la amenaza de los aranceles, ante los malos resultados del muro militar pretendido en el sur de México.
 
El doctor Urbano consideró que el presidente mexicano debería hacer cuando menos lo siguiente: “Primero: una narrativa distinta; no jugar al vínculo con Estados Unidos; decir ‘reconocemos la dependencia’, pero si nosotros no tenemos una personalidad propia, seguiremos dependientes. Segundo: juntarse con Centroamérica, dialogar y establecer mecanismos de cooperación con esta región; eso nos genera una narrativa regional, no digo que Estados Unidos se vaya a espantar, pero digo que va a pensarlo; y tercero, que veamos que tenemos también herramientas, como las instancias internacionales, pero parece que hay miedo a denunciar en esos foros internacionales lo que está pasando”.
 
En específico, Solalinde y Urbano estiman indispensable que AMLO vaya a la reunión del G20. Los señalamientos anteriores tienen especial importancia a la luz del tragicómico enredo que se ha ido produciendo respecto a acuerdos expresos y secretos, cláusulas supuestamente comprometedoras para México mostradas en un papel (una suerte de bulo o fake news) por Donald Trump, explicaciones a medias dadas por Marcelo Ebrard (convertido en virtual jefe del gabinete obradorista, ya apropiado de funciones estratégicas de la muy doméstica secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero) y la tajante realidad de que en 45 días México deberá entregar a la Casa Blanca resultados de control migratorio que parecen de difícil consecución, ante un Presidente de Estados Unidos que está decidido a blandir una y otra vez la espada artera del amago con aranceles que podrían desquiciar la economía mexicana. 
 
Más que seguir en el análisis coyuntural en que se ha caído en estos momentos, tratando de encontrar detalles o indicios de tratos y sus consecuencias inmediatas o confesables, sería importante tender la vista para advertir lo que puede suceder cuando transcurran los 45 días que la administración Trump ha impuesto a la obradorista para que se corrija una realidad imposible de modificar de fondo, en un plazo tan breve y de una manera tan improvisada.
 
Podría suceder que Trump no impusiera los aranceles famosos aunque la aritmética que le presentara el cuasi primer ministro Ebrard fuera deficitaria conforme a las exigencias de Washington. Todo se anclaría, entonces, en los tiempos electorales del rubio multimillonario que busca un segundo período en la Casa Blanca, y se convertiría en un bono comodín para ser usado en los momentos comiciales que le fueran más adecuados a Trump. México, pues, convertido en doblegada carta a jugar conforme la ruleta de Donald así lo requiriera. 
 
También pudiera suceder que Trump se declarara escandalosamente insatisfecho con las cuentas mexicanas y decidiera imponer los multicitados aranceles. En una u otra circunstancia, la viabilidad del proyecto obradorista (autodenominado Cuarta Transformación) quedaría en maltrecha condición, susceptible de permanente chantaje a toda acción que a Washington y sus aliados no les pareciera aceptable.
 
Pero no debe perderse más tiempo en prepararse ante el asomo real del riesgo de convertirnos en un “tercer país seguro”, conforme a lo aceptado ayer por Ebrard: “En lugar de aceptar un acuerdo de tercer país seguro como el propuesto por Estados Unidos o el inicio de una guerra comercial, logramos un período de 45 días para demostrar la eficacia de las medidas que se adoptarían y preparando lo mejor posible para la negociación que podría darse en otros 45 días si las medidas adoptadas no tienen los resultados esperados”, así que ese acuerdo, de tercer país seguro, “se estaría aplicando si fracasamos y si aceptamos lo que nos digan”.


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