RAIZALES

Madres del cacao


Heberto Taracena Ruiz

Lecturas: 1243

El cacao tuvo varias madres, -chipilín, moté, cocoíte, ceiba-, pero el petróleo se las partió… Quise decir: se las quebró. Es que el cacao se quiebra, pero no se raja.

Las palabras son menos groseras que fue la realidad por el tiempo de cuatro décadas.

Para finales de los setenta del siglo pasado, en la Chontalpa no hubo cacaotero pobre.

Desde 1977 vino el diluvio de la piedra fósil: tanto dinero que hasta la cuenta extraviamos.

Centro disputaba a Cunduacán los pozos porque el municipio recibía rentas directas de la federación. Una locura.

Fue una locura crónica, larga como pocas. Un mal del que apenas si aprendimos a esconder la cara…de vergüenza.

El árbol de cacao fue sustituido por un pozo petrolero y san se acabó.

Se acabó el cariño al grano de que varias generaciones somos deudores.

El lenguaje de corte, quiebra, mucílago, desmamona, mantas zurcidas con hilos de jolosín, asoleadero, aguja de arrea, escoger, aplastar, lavar, dejar la pachita para consumo doméstico, el "palanque" para los jornaleros. Controlar la lechosa y picante hojas de lengua de vaca, jilear, "madriao…"

Cuántas veces abrimos la boca ante computadoras llenas de arbolitos de injerto de cacao, estos si apenas con una penca de renuevo pero cobradas a más de lo que vale un kilogramo por empresas mercantiles creadas exprofeso.

La monilia, ardillas y falta de agrónomos fueron el mal menor. El cacao, huérfano, con un padre irresponsable sexenal y un padrastro agónico, PEMEX.

El desánimo hace lo demás. ¿Presente histórico?

Tiene que volver... No como fue en tiempos de cuando el municipio recibía directo de cada asociación 50 centavos por kilogramo y la Junta de Mejoras, diez centavos. Pero volverá, por el sol incesante, la lluvia que no cae y la Madre Santísima…del cacao.



visitas