INVITADO

Viendo el drama nacional


Mouris Salloum George

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En la construcción de opinión pública, parece valerse todo. El calentamiento mediático dispara el termómetro particularmente cuando hay cambio de gobierno y el mercurio se bota si hay signos de cambio de régimen. Aunque esto sea sólo una mera percepción.
En recientes semanas se ha dado un debate público que nos parece innoble: El uso propagandístico de las estadísticas sobre muertes violentas en nuestro país. En un momento dado se hace un champurrado con las cifras de homicidios dolosos y los culposos, y, claro, la suma espanta aún más.
 
Lo innoble se expresa en el manejo capcioso del dato sobre la muerte de niños. Que si son tres diarios; que no, que yo tengo otros datos, etcétera.
 
Es que las crónicas sobre muertes violentas venden
 
Una primera observación: La muerte violenta vende. En lo que va de este siglo, los sellos editoriales han multiplicado los títulos expuestos al público mexicano. Sólo a manera de ilustración -sin hacer juicios de valor sobre la obra específica-, retomamos uno de esos títulos: Generación Bang, onomatopeya que describe el ruido de una balacera.
 
Un editor local nos describió ese tipo productos como Klínex, literatura de coyuntura desechable.
 
Sólo algunos temerarios periodistas y sociólogos avisados nos cuentan los orígenes de la barbarie mexicana, su inicio, su desarrollo y sus precursores económicos.
 
El crimen internacionalizado
 
Por ellos sabemos que la droga fue labor alternativa de subsistencia de comunidades rurales analfabetas, de las que surgieron los jefes de las primeras bandas de narcotraficantes.
 
Durante el periodo neoliberal, la actividad mudó al cártel, administrado ya con ingeniería financiera por banqueros, directivos de empresas agroindustriales, primero, operadores de casas de cambio, Bolsas, etcétera, más tarde.

 



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