CASCARA AMARGA

Carlos Madrazo, patriota


Laureano Naranjo Cobian

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Desde joven, Carlos Alberto Madrazo Becerra fue inquieto, de recia personalidad y con vocación política. Caballero del verbo encendido. Vertiginoso, estudioso de la historia y del derecho. Sensible al dolor del pueblo.
 
Lo veo con mi pensamiento, un rayo en el cielo despejado de Tabasco. Siempre dispuesto.
 
Probado en la lucha. Encarcelado injustamente. Envidiado por mediocres como Echeverría. Llamado justamente “El Ciclón del Sureste” por su ímpetu y su carisma.
 
A mi papá, que le reclamaba su intervención por una injusticia cometida, diciéndole que se ampararía, le contestó: “¡cuidado Alfonso. Recuerda que para todo hay amparo menos para la muerte!”. Así era. Definitivo.
 
De mensajes de eternidad. De elocuencia vibrante en sus discursos que eran como montañas torrenciales resucitando cívicamente a sus oyentes. En una de sus conferencias expresó: “El ciudadano más peligroso no es aquel que todo lo critica, sino el que todo lo alaba. La época que vivimos tiene un concepto inflexible sobre el estadista, el hombre que dirige los destinos de los demás. El verdadero estadista sabe oír a todos.
 
El verdadero hombre de estado no se rodea de cortesanos, sino de colaboradores; no persigue la virtud sino la fomenta; no golpea sino razona; no se siente opacado por tener a su lado a hombres dignos, al contrario, en ello encuentra el mejor argumento de su genio (…) el estadista sabe oír, conoce y respeta la dignidad donde la encuentra y fomenta en sus colaboradores el sentido de responsabilidad, sin la amenaza de ningún quebranto…” . Fue designado Presidente nacional del PRI donde recorrió todo el país, expresando el nuevo mensaje cívico e histórico de un recio pensador.
 
Antes de cumplir el año tuvo que dejar la presidencia y se dedicó a recorrer el país impartiendo conferencias. El último revolucionario verdadero me atrevería a decir.
 
El 4 de junio de hace 50 años, no se encontró con su destino sino con la perfidia de los que sabían que jamás podrían igualarlo.


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