PLUMA DE GRUPO CANTÓN

Amputación o reforma


Porfirio Muñoz Ledo

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EL DESAFÍO DE HOY ES CONCRETAR EL ESPÍRITU DE LA “CUARTA TRANSFORMACIÓN” EN LA RECONSTRUCCIÓN DE TODAS LAS INSTITUCIONES.
 
Uno de los dogmas del neoliberalismo que nos invadió hace más de treinta años fue el “adelgazamiento del Estado”, en aras de fortalecer la economía de mercado. Su afán no era, por cierto, el rediseño de las instituciones públicas a todos los niveles y en los diversos ámbitos de la federación, menos aún la revisión del Poder Judicial o del parlamentarismo. Su propósito obedecía a una visión ideológica, que no a la necesidad de eficientar los servicios públicos.
 
Los precursores de esa “nueva era” proponían la amputación de los órganos del Estado como un remedio inmediato e indicativo. En el extremo se trataba de erosionar el poder público y ponerlo al servicio de los intereses privados.
 
Las derechas nacionales e internacionales habían preconizado desde hace tiempo la “Reforma del Estado”, entendida como un nuevo pacto que redujera la burocracia y estableciera una relación de poder a poder con el gobierno, sin considerar a otros sectores y organizaciones sociales. Una especie de Carta Magna vernácula en la que los creadores de riqueza se comprometen a pagar sus impuestos a cambio de controlar el gasto y las instituciones públicas.
 
El desafío de hoy es concretar el espíritu de la “Cuarta Transformación” en la reconstrucción de todas las instituciones. No debiera proclamarse como tesis central la cancelación de instituciones públicas, sin consideración de su eficiencia y de sus relaciones efectivas con la sociedad, tan sólo porque proviene del antiguo régimen. Las revoluciones exitosas han sabido conservar y reconvertir las herencias más valiosas del pasado para depurarlas y alinearlas en el diseño y ejecución de una nueva política económica. Es decir, un análisis riguroso de resultados, una redefinición de objetivos y un proyecto racional e incluyente para que el Estado sirva efectivamente a la sociedad y no a los intereses particulares.
 
Como dice AMLO, el elefante de la burocracia es “reumático”, pero no por su culpa, sino por un “destino manifiesto” impuesto por el sector financiero, léase Banco de México y Secretaría de Hacienda, que constituyen todavía las fortalezas de una economía conservadora.
 
Sus dirigentes históricos afirman lo contrario, los invitaría a un debate público para confrontar dos visiones del México contemporáneo y de su futuro. Agradeceríamos al Presidente de la República que nos dijera el tipo de animal administrativo que está proponiendo y la manera de gestarlo.


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