ANALISTA

El poder de los símbolos


Óscar Gómez Cruz

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Si usted leyó los libros o vio las películas inspiradas en éstos, del autor norteamericano Dan Brown, El Código Da Vinci y Ángeles y Demonios, entenderá a lo que se dedica un experto en simbología. Y si usted de inmediato piensa que lo único que hace es identificar e interpretar el significado de "símbolos", como una especie de Indiana Jones, está muy lejos de la realidad.

Los símbolos forman parte del lenguaje de la humanidad. En cierto punto de su ciclo, nos hablan sin hablar. Son representaciones, abstracciones, deidades y la imagen misma en la mente de la colectividad, de valores o antivalores ligados a lo más poderoso que mueve a los seres humanos.

Si usted se hinca o encomienda diariamente ante un crucifijo, la imagen de algún santo o cualquier otro elemento, dependiendo de la religión que profese, está en presencia de símbolos que involucran, representan, materializan y SIMBOLIZAN, lo que personas en algún momento enseñaron o profesaron y que, ante una colectividad, se asocian a valores y aspiraciones, con significado de trascendencia o maldad, odio, ira, destrucción física y moral.

Los símbolos representan el diccionario visual, auditivo y kinestésico de la historia.

Piense en este momento en una esvástica Nazi. ¿Qué viene a su mente? Seguramente maldad, asesinato, holocausto, Hitler, guerra, antisemitismo, exterminación.

Ahora piense en otro símbolo asociado, Adolfo Hitler. Entonces generará usted una vinculación holística y mental de dos símbolos que se unen y representan todo lo arriba mencionado.

Las personas mismas se convierten en símbolos. Imagine a alguien que represente la viva imagen de la corrupción. Quien le venga a la mente se convirtió en símbolo de ese antivalor porque eventos, comunicación y asociación de ideas en una colectividad le asignan ese símbolo.

Los hombres y mujeres de poder a lo largo de la historia han buscado y seguirán buscando convertirse en símbolos para sus pueblos, utilizando comunicación y propaganda para ello.

En pleno siglo XXI, la propaganda está más viva que nunca para asignarle al o la líder, la imagen de deidad y de solución a los problemas de personas que requieren ser guiadas. Se habla de unión, de valores superiores alcanzados en equipo, pero se endiosa al líder, quien es el único capaz de llevar al grupo a sus metas.

Los símbolos son nuestra memoria, nuestro ADN como humanidad. No son estáticos, evolucionan constantemente. Así que identifique los símbolos que tiene a su alrededor, porque en gran medida determinan su actuar.



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