LOS DARDOS DE BRACHO

Robo a ancianos


Carlos Bracho

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La violencia ha tomado posesión y se ha afincado en nuestras ciudades, en nuestras tierras. Ya no podemos salir a pasear al perro. Muchos menos salir con los hijos a dar la vuelta al parque, comprar unos algodones de azúcar y sentarse en una banca para ver pasar a la gente.

Ésto me recuerda que hace algunos ayeres mi madre, sentada en una banca del Parque Hundido de la hoy CDMX, escuchaba sus canciones preferidas en un pequeño radio portátil. De pronto llegó un tipo, sacó una pistola, la amenzó, le arrebató la bolsa, le quitó el radio y huyó.

Amigas insumisas, ustedes que están leyendo esta queja, les digo que mi madre, en ese entonces tenía ya más de 84 años, así que cuiden a sus padres, a sus hijos.

¿La Policía? Bien, gozando de cabal salud. Bien, sin novedad en las calles. Bien, todo en calma.

Y, además, tenemos un poder judicial que hay que cuidarse de ellos.

En las cárceles mexicanas están indígenas que luchaban por sus tierras, activistas que pugnan por tener ríos y selvas libres de saqueos y de taladores.

Viene ésto a cuento porque, recuerda usted, lector luchador y libre pensador, que hace unos días talaron también en esta hoy CDMX cincuenta añosos y bellos árboles. Fueron detenidos los que hicieron tal canallada pero claro, un honorable juez los liberó, argumentando que no lo hicieron con dolo, pues obedecían órdenes de la empresa en la prestaban sus servicios.

A ese "honorable" juez le pregunto que si alguien mata a otro individuo porque un capo le ordenó hacerlo, ¿lo dejaría libre? Yo creo, siguiendo el criterio del tal juez, que saldría más libre que una liebre, puesto que no obró con dolo, pues sólo recibía órdenes de su jefe.

Así está la cosa. Así es este gran aparato de Justicia: corrupto –señalado así por organismos internacionales-. A la vista de esos malos pasos judiciales yo ya no quiero queso, sino salir de la ratonera.

No quiero salir a la calle, quiero estar refundido en mi estudio. No salir, no ver el sol, no ir al súper, no ir a ningún lado, pues si me asaltan, y me roban, el juez, ante la confesión del ratero de que su patrón le ha ordenado robar, pues por lo tanto el no ha actuado con dolo, sólo ha obedecido órdenes... y, claro, libre… ¡Viva México!



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