ENFOQUES

Pemex y sus horizontes


Héctor Dagdug Rangel

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Por mucho optimismo que el Presidente de la República pueda tener con respecto a Pemex y su papel como un poderoso motor de la economía nacional, es imprescindible que su Gobierno tome en cuenta factores más objetivos que ese optimismo. Hablamos de las precarias finanzas de la petrolera, hecho que fue resaltado por José Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), quien hace unos días advirtió sobre su situación financiera, refiriéndola como un riesgo de estabilidad para la economía mexicana.

Y si bien es cierto que ese diagnóstico inquieta o preocupa al sector privado y a los mercados en general, también es verdad que el Gobierno Federal ha tomado acción al anunciar la inyección de 100 mil millones de pesos sólo por este año, provenientes del Fondo de Estabilización de Ingresos Públicos, aunque como lo aseveró el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, ello no implica que el gobierno vaya a absorber la deuda total de la Empresa Productiva del Estado.

Por supuesto, la sola aportación de recursos no significará una recuperación automática de sus capacidades técnicofinancieras, pues a ese aporte deben alinearse efectivas estrategias de mercado, transparencia en su gasto, y de ser necesario alianzas donde, en el corto plazo, la producción compartida de los yacimientos resulte en beneficio de la nación y sus ingresos dado el largo plazo en que Pemex podría registrar superávits o números negros. Antes, deberá asociarse en proyectos de explotación en aguas someras y tierra para dinamizar su operación.

Destaca la declaración del titular de la Secretaría de Hacienda, quien, contrario a lo que se pensaría de un gobierno de izquierda, declaró que el Gobierno Federal no convertirá la deuda de esa empresa en deuda soberana.



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