RAIZALES

Señora delantal


Heberto Taracena Ruiz

Desde la cocina, doña Gladys López luce bella. Viste de una sonrisa caritativa. Reparemos, perdón, tomemos en cuenta que la franqueza no siempre se nos da a flor de piel, ni la damos de buenas a primeras. Doña Gladys combina el 'Cultivo una rosa blanca', de José Martí, y el 'Agua de Tabasco vengo', de nuestro Pellicer.
 
Logra el punto en todo lo que hace.
Ejemplo, para un puchero de res, doña Gladys emplea: carne con hueso, elote tierno, yuca, calabacita, perejil, ajo, cebolla, pimienta de la tierra…
 
Eso no tiene chiste. Todo mundo lo sabe al dedillo pero, como en un buen poema, ¿qué sigue? Pues sigue el talento y el talante, es decir, el humor de la guisandera.
 
Y el humor lo tiene en particular doña Gladys en lo que emprende. En la vida diaria, con los mismos mejunjes, sin sombra de duda, el puchero de carne no sabría igual en otras manos. Ataviada toda y desde que Dios amanece, con su delantal del cuello a las rodillas. Es un placer escucharla. Desde niña tuvo el gusto de aprender a cocinar, lo que la hace sentirse feliz y creativa.
 
Tamalitos de shish de chicharrón, empanadas revestidas de achiote, trozos brillantes, acilindrados, de chocolate recién molido y numerosas creaciones que ofrece desde su casa… Ah, que si la gloria tiene sabor, lo que doña Gladys elabora sabe a gloria… Como otras tabasqueñas, impares, conste, desde su templo...